
Durante muchos años, hemos procurado iniciar el aprendizaje de los diferentes conceptos tácticos, dando importancia a la resolución de situaciones de 2×1 en favor de los atacantes. ¿porqué le damos tanta relevancia a este contenido? En esta nota, queremos explicarlo, como preámbulo a la nota PREMIUM que lanzaremos este mes de diciembre sobre diversas tareas o juegos que nos podrían servir para proponer en la categoría prebenjamín (6 y 7 años).
Una vez más buscamos luz en el profesor de balonmano, Juan Lorenzo Antón, en su obra TÁCTICA GRUPAL OFENSIVA, que nos dice lo siguiente respecto al 2×1, «si el objetivo general de todos los medios tácticos consiste en crear superioridad numérica y explotarla, la primera exigencia que debemos plantearnos en la formación táctica grupal será precisamente ser capaz de explotar adecuadamente las situaciones de superioridad numérica para tomar conciencia de su rentabilidad y, con ello, de la necesidad de crearla«. En otras palabras, si el objetivo de una buena circulación de balón, es crear situaciones de ventaja, lo primero que tendríamos que saber es a aprovecharla una vez que dispongamos de ella. De lo contrario, los alumnos no reconocerían el beneficio de generar estas ventajas hipotéticas.
Antes de avanzar en la explicación, contextualizaremos a los lectores, en cuando consideramos oportuno, empezar a poner a nuestros alumnos ante este tipo de contenidos. Desde los tres años que llegan a la escuela y hasta los seis años, como ya hemos platicado en alguna nota, procuramos un desarrollo global de la motricidad y de los aspectos coordinativos. Damos importancia a contenidos de índole individual (1×0). Esos contenidos individuales los desarrollamos por lo general a partir de los juegos de fantasía y de tareas en entorno inestable, que más adelante desarrollaremos. A partir de los seis años, esas tareas inestables comenzarán a realizarse por parejas para introducir el pase.
A partir de este tipo de tareas por pareja, donde en entorno inestable, los niños tienen que conservar el balón intentando realizar otras tareas secundarias, el profesor irá introduciendo poco a poco la oposición hasta llegar a un punto en el que la pareja tiene que conservar el balón ante la presencia recurrente de un oponente. En ese momento, se darán las primeras fijaciones y estaremos en la antesala perfecta para desarrollar la resolución de este tipo de asimetrías.

La aparición de la intención táctica, fijar, es sumamente importante en el desarrollo de los aspectos cooperativos en el deporte. A partir de que el niño entiende que su disposición de la pelota puede generar espacio para los compañeros a los que podría a liberar de la marca, empieza a desarrollar otros conceptos igualmente importantes, relacionados por ejemplo con su ubicación en el campo. Su situación en anchura se convierte en una ventaja, a partir de que otros compañeros atraigan contrarios en la otra parte del campo, y hagan llegar el balón con ventaja. Pero esta comprensión, puede de alguna manera decirse, que se fundamenta en el entendimiento del concepto «fijar».
Así pues, la aparición de esta intención táctica, en su modo más básico y simplificado es cuando sólo dos atacantes se enfrentan a un solo defensor. Esta situación se dará en el juego en determinados momentos, en un espacio de tiempo muy corto y con adversarios apresurándose a reubicarse para desarticular esta ventaja pasajera. Por ello, entendemos que siendo muy importante aprender a resolverla favorablemente, se le preste mucha atención y el profesor procure, que sus alumnos sepan identificar inmediatamente este tipo de asimetrías momentáneas. Es improbable que en un partido, la situación de 2×1 aparezca de forma tan clara que no requiera de cierta pericia reconocerla. En aquellas modalidades competitivas con reducido número de componentes de los equipos, será más recurrente, pero incluso en esos casos, para que se den, tendrá que haber cierto desequilibrio momentáneo por causa de un defensor desbordado en un 1×1 previo, o por un contraataque que dejó mal parados a algunos oponentes que corren ahora para recuperar la igualdad.
La forma de abordar el trabajo del 2×1 en la iniciación ha segmentado en demasía tal contenido de su emergencia en el juego. Realizar tareas de entrenamientos donde el 2×1 sea permanente y los alumnos resuelvan con una fijación que no considera el factor tiempo, ni se preocupa de la premura en la respuesta, aleja la lógica de actuación en la tarea de la lógica de actuación en un partido. Por no decir además, que aleja a los alumnos de su reconocimiento en los partidos. Así pues, la búsqueda de la comprensión del juego y que nuestros alumnos identifiquen y solucionen este tipo de ventajas, pasará por combinar tareas con el contenido más aislado, con tareas donde apareciendo de forma preferencial y recurrente, se de con las circunstancias que suelen aparecer en la competición.
A menudo me ha tocado ver tareas donde el jugador que disponía el balón, afrontando junto con un compañero el reto de superar a un único adversario, respondía parándose y esperando (sin considerar cuanto tiempo tuviera que hacerlo) a que el rival se acercara para ahora sí, pasar el balón al compañero. Entiendo que en algún momento del juego, un jugador puede afrontar así esta ventaja, cuando el marcador le sea favorable por ejemplo y su ubicación en el campo le permita no preocuparse de oponentes rezagados que corren a reincorporarse al bloque defensivo. Piensen en un portero que espera con el balón a que el delantero lo acose para poder relacionarse con su compañero central. Pero en el juego, la variabilidad de situaciones de 2×1 que aparecen están condicionadas por infinidad de circunstancias que también hay que considerar a la hora de diseñar las tareas de entrenamiento. Por ejemplo, la que ya mencionamos y que podría ser la imagen con la que iniciábamos este artículo. Un jugador superado y que resbala, deja al poseedor en franco 1×1 ante el último defensor. Por fuera se incorpora otro atacante que provoca el 2×1 momentáneo mientras el jugador superado trata de reincorporarse rápidamente. En esta situación, el poseedor del balón ha de actuar con cierta celeridad porque en caso de esperar la actuación del defensa y que este no se precipite, podrían perder esa ventaja cuando el oponente superado restaure la igualdad. Si quiero entrenar correctamente la resolución del 2×1 en toda su variabilidad, tengo que ser capaz de ir introduciendo las diferentes circunstancias en las que aparece.

Así pues, el profesor debe ajustar el nivel de dificultad y de especificidad de sus tareas al nivel de comprensión y capacidad de respuesta de su alumnado. En una fase inicial, nos podrá interesar más, aislar esta situación para que el niño, se vaya familiarizando con las posibilidades de resolución que más se ajusten a su sensibilidad. En el diseño de la tarea, podremos incidir más sobre aspectos espaciales como la anchura disponible, la ubicación de los compañeros (en línea, escalonados o perpendiculares); la temporalidad (cuanto durará esta situación de ventaja), u otras circunstancias que aparecen adjuntas a este contenido-concepto en la competición.
La importancia de este contenido se nos hace fundamental porque uno de los objetivos de la táctica grupal y colectiva es generar este tipo de ventajas asimétricas o de superioridad numérica. Sabemos que hay otro tipo de ventajas pero sin duda, la superioridad numérica en una zona micro del campo, es una de las más importantes que se pueden conseguir a través de los diferentes medios técnico-tácticos. A partir de la comprensión de este tipo de soluciones, el niño está en disposición de valorar otros conceptos y principios más complejos.
En estas edades, fomentar un juego cooperativo no está ni debe estarlo, reñido con la libertad individual y el interés de los niños hacia la resolución 1×1 del enfrentamiento con la oposición. Sin embargo, la posibilidad de fijar+pasar, añade mayores posibilidades de desborde al incluir la finta de pase tras un acercamiento al oponente que pasaría por fijación. Que el niño descubra la cooperación con el compañero a través del pase, de la fijación de oponentes para darle más tiempo al receptor, no le restará capacidad de desborde. Sin embargo, lo contrario, es decir, que no sea capaz de pasar, de fijar en una situación de asimetría, sí le restará posibilidades en el 1×1.
Cuando hace unos años, introducíamos este tipo de conceptos en ANGELES, los profesores solían reproducir algunas tareas que poníamos como ejemplos cuando explicábamos la importancia del 2×1. Pasados unos meses, preguntados por el nivel de desarrollo de este contenido entre sus alumnos, respondían que ya lo tenían todos superados pero esto no era así, lógicamente. Los alumnos, tras repetir incansablemente tareas de 2×1 en progresión, sin enlazar fase de ataque con fase defensiva, ya habían comprendido que solucionaban la tarea con fijación+pase y eso daba a entender a sus profesores que ya dominaban tal contenido y que podrían pasar a contenidos más complejos. Sin embargo, al variar la tarea y añadirle alguna variable nueva, como circunstancias temporales, espacios más reducidos, ubicación inicial de su compañero o ubicación inicial de sus adversarios, las respuestas que emergían de estos alumnos ya no eran tan eficientes. Y por supuesto, en la competición, difícilmente reconocían estas situaciones momentáneas de ventaja numérica en un determinado espacio del campo, por lo que rara vez, emergían respuestas de fijación a pares o impares para explotar tales ventajas cuando aparecían.
La variabilidad en las tareas deben ir, como ya hemos explicado, no solo a ampliar las posibilidades de resolución de estas situaciones cuando aparecen, sino también a la capacidad del alumnado de reconocerla, de indentificarlas, y por supuesto, en un grado mayor de complejidad, ser capaz de provocar estas ventajas. Con miras a inspirar al profesorado que nos seguís, sobre algunas tareas que podemos poner para desarrollar estos contenidos, pronto publicaremos el artículo con algunas de estas tareas que recomendamos como ejemplo. Sin embargo, creemos esencial que entendamos la importancia de este contenido en esa fase inicial del desarrollo táctico grupal, que aunque hemos ubicado alrededor de los seis o siete años, bien podría retardarse, dependiendo de las experiencias previas del alumnado. No habría ningún problema si en un equipo benjamín o alevín, buscamos desarrollar este tipo de aprendizajes, puesto que como hemos explicado, serán la base para la comprensión de los medios t-t, más complejos.
JUAN A. GALLARDO





