JUGAR EN LA CALLE

A menudo usamos el fenómeno de los videojuegos para representar gráficamente lo que la enseñanza del fútbol debe ser. Ejemplo de actividad que se realiza en libertad, por el goce de jugar y sin presiones de adultos; que al mismo tiempo supone el aprendizaje de complejas relaciones entre los distintos botones y la acción en el juego. Pero para los entrenadores de fútbol que tenemos cierta edad, esas cualidades del juguete no nos son del todo desconocidas, pues durante nuestra infancia disponíamos de nuestra play particular: la pelota y la calle.

No nos es del todo desconocido que un niño pueda pasar horas y horas jugando y perder la noción del tiempo. No al menos, para las personas de mi generación que tuvimos la fortuna de pasar una infancia inmensamente feliz en la calle., jugando. Mis recuerdos de la infancia, impregnados de tanta emoción, de tanta diversión, aun siguen bastante nítidos a pesar del pasar de los años.

Tuve la suerte de crecer en una calle de pueblo donde éramos muchísimos niños y siempre había alguien fuera de su casa para jugar. Pero no sólo era futbol. La diversidad de juegos en la calle era inagotable. La diversidad de alternativas para jugar no tenían fin. Desde juegos de persecución a el uso de diferentes juguetes (trompos, canicas, etc.).

Lo mejor del verano, no era ir a la playa o viajar con tu familia, sino disponer de mucho más tiempo para jugar con tus amigos. Obvio, en mi caso, había mucho de juego con la pelota. No puedo decir que fuera futbol porque ni siquiera siempre eran partidos. A menudo, eran juegos de habilidad con la pelota, o de centros y remates, fútbol tenis, rondos (que en mi pueblo llamábamos “perrito”), y muchísimas más alternativas.

En un principio pudimos disfrutar de partidos en mi propia calle. Éramos pequeños y había suficiente espacio para jugar dos contra dos o tres contra tres. A veces participábamos incluso cuatro contra cuatro. Era curioso que nadie se quedaba sin jugar y éramos capaces para ello, incluso de jugar impares, 3×2 o 4×3, si era preciso. Teníamos buen ojo para equilibrar los equipos de alguna manera. Conocíamos los niveles de cada quien y podíamos aproximar que cada equipo estuviera parejo respecto a las fuerzas del otro.

El fútbol de la calle no puede reducirse simplemente a la disputa de partidos con menor número de jugadores. Si bien, ese tipo de enfrentamientos grupales forman parte de ese conjunto de «juegos de fútbol callejero». Es importante que recordemos que la práctica de cada juego suponía una mejora en las habilidades que se practicaban pero no era esa función educativa la que justificaba su realización sino el simple placer de jugar.

Clasificación de juegos con el balón en los pies que se practicaban en la calle. Extraído de FUNdamentos: APRENDE A ENSEÑAR JUGANDO.

Mucho se ha escrito del fútbol de la calle y de su gran potencial docente. Se dice que los mejores jugadores de todos los tiempos tuvieron su cuna en la calle. Sin embargo, quiero desmarcarme de esas voces que demandan su recuperación como espacio físico. Con los cambios sociales que han ido aconteciendo, la calle ya no es tan segura como antes. Si queremos recuperar su esencia, hemos de entenderla no como lugar, sino como ambiente lúdico donde los niños podían ser niños y jugar de forma libre. Los entrenadores de fútbol actuales, deben estudiar cómo aprendíamos cuando no teníamos maestros, de la misma forma que sugerimos analizar el fenómeno de los videojuegos para extraer ideas que implementar en nuestras programaciones.

En ese sentido, tener como referencia el enorme repertorio de juegos que practicábamos y extraer de ellos su amplio contenido. Más no se trata ahora de reproducir tales juegos porque la mayoría de ellos han perdido su atractivo para los niños de hoy. Cada generación tiene sus propios intereses y si ahora presentásemos un juego, antaño tan popular, como el «corro de las patatas» (España), el resultado no va a ser el mismo que hace unas décadas. Recordemos que los entrenadores hemos de conocer y partir del interés de nuestros alumnos para diseñar una propuesta de entrenamiento que les atraiga, les motive, los emocione y con ello dispongamos de todo su empeño en el «jugar-lo».

El éxito de los programadores de videojuegos es el conocimiento estadístico y mercadologico de aquellos componentes que van a resultar más atractivos para cada público en particular. Del mismo modo, las grandes compañías audiovisuales que nos ofrecen cotidianamente series de televisión, ya no se inspiran en la literatura clásica, sino que realizan profundos estudios de mercado y a partir de los resultados, encargan «a la carta» una serie con el contenido específico que saben gustará más. De manera que cuando una serie de piratas o de vikingos tiene éxito, suelen aparecer varias alternativas con la misma temática.

El profesor de fútbol en edades infantiles, tiene que entender la planificación de los contenidos de cada edad y tenerla como una orientación o guía del proceso que deberá forzosamente vestir con diferentes disfraces. Ese revestimiento de la tarea para convertirse en «juego», es la clave del éxito de nuestra metodología, y nos sirve de ejemplo ese recurso recurrente de hacer un nudo en las casacas y darlo a un niño para que se encargue de lanzarlas a sus compañeros y éstos, tengan que evitarla. La tarea, siempre, en este caso, será «esquivar», pero el revestimiento que cada profesor haga de este hecho, dará un significado lúdico distinto. Y así, es que ese mismo niño, puede ser un dragón que lanza fuego (casacas) o un brujo que lanza el hechizo de «congelar» si te toca su magia (casacas).

Así, los contenidos de nuestra planificación seguirán siendo 1×0 manejar el balón, 2×1 fijar y resolver en progresión o conservación, etc. Pero nuestros juegos pueden tener una variedad ilimitada, si partimos de esa posibilidad de revestimiento. Los niños en la calle eran capaces de «inventar» nuevos juegos, añadiendo en cada ocasión, un «relato» distinto. Pero en el trasfondo, los niños solo corrían, saltaban, esquivaban, se escondían, en un espacio determinado por reglas.

La esencia fundamental de los juegos de la calle, incluyendo los juegos de fútbol en la calle, se encuentra en el juego libre y realizado por el goce, el placer, que obteníamos «jugando».

Esto supone, queridos profesores, un enorme cambio de rol de nuestra función docente, respecto a la metodología tradicional. Nuestra presencia ahora, sólo se justifica en hacer que ese ambiente de juego, suponga para nuestros alumnos, un ambiente de aprendizaje. Somos o representaremos el papel, del «programador de videojuegos». Diseñaremos las tareas y juegos que entendamos van a interesar más a nuestros alumnos, desde el punto de vista de su motivación y de su aprendizaje. Por supuesto, fomentaremos un alumnado activo, capaz incluso de proponer nuevas alternativas a nuestros juegos, y sobretodo, «dejaremos jugar».

Este tema ha de tratarse con mayor profundidad y lo haremos en el capítulo 2 de nuestra obra «Fundamentos», que en breve saldrá a la venta. Más sírvanos esta entrada del blog de hoy, para anticipar y reflexionar sobre la necesidad de entender el juego en sí.

Viernes 4 de Diciembre, de 2020.

JUAN ANTONIO GALLARDO BUENO

REGISTRO EN LA

WEB