Cuando en 2003 comencé a entrenar equipos infantiles en el CD Imperio de Albolote (Granada, España), me sorprendieron muchísimas cosas pero una de ellas, era el uso que se hacía de ciertos «vocablos» para favorecer la comunicación interna entre los jugadores del equipo durante el juego. Uno de los más usados era el término «estoy» que usaban para mostrarse en cobertura ofensiva y expresar su disposición para recibir el balón detrás del poseedor. De esta forma, un central desmarcado detrás de un lateral, pedía el balón y se manifestaba listo para ser la opción elegida por el poseedor del balón en caso de no encontrar otras mejores para progresar. Cuando me integré al staff de entrenadores del club, incorporé esta práctica a mis entrenamientos y años más tarde, como Director del Área metodológica de ANGELES, también propuse su uso entre los diferentes entrenadores. Llegó un momento en que todos los equipos de la escuela, usaban algunos de estos vocablos de manera uniforme.
Quizás, el vocablo más usado haya sido el de «estoy», hasta el punto de haber adquirido un significado especial en la escuela más allá de su uso dentro de la cancha. «Estoy», pasó de ser un «estoy detrás listo para ayudarte» en el campo, para significarlo también fuera de él. «Siempre hay alguien detrás de tí dispuesto a ayudarte». Hay un pared en la oficina donde explicamos a las familias este significado y las camisetas de entrenamiento de los jugadores tienen al frente y en mayúsculas, la palabra «ESTOY». Esto lo explico, como muestra del gran arraigo en la cultura deportiva e la escuela, del uso de estos vocablos sobre los que hablaremos en esta nota.
En nuestro deporte, como en otros de índole colectiva que comparten elementos y características estructurales, los jugadores se ven beneficiados cuando entre ellos se establece una comunicación estrecha que permite o favorece la cooperación para lograr la finalidad del equipo. Esta comunicación va más allá del propio lenguaje, ya que la propia motricidad de los compañeros puede llegar a convertirse en una manera de relacionarse y comunicarse. Un desmarque, por ejemplo, es una forma de comunicación con el compañero que tiene el balón. Hacemos mención de esta manera a los «praxemas» de los que nos habló Pierre Parlebás y que tanta importancia tendrían en la justificación del juego para aprender a jugar y optimizar el funcionamiento colectivo de un equipo. Un jugador de fútbol, ha de ser capaz de identificar o reconocer aquello que su compañero pretende hacer en una situación específica del juego, sin que a su vez, el contrario intercepte esta comunicación y anticipe la acción.
A través del juego, de la práctica, los jugadores van conociéndose y re-conociendo la manera de ser-hacer de sus diferentes compañeros ante situaciones parecidas de juego, lo cual les permite anticipar dichas intenciones y cooperar entre sí. La especificidad de las tareas de juego propuestas por el entrenador, favorecerá esa constante comunicación entre compañeros y fomentará la optimización de estructuras como la socio-afectiva, la emotivo-volitiva o la cognitiva por ejemplo.
El uso de vocablos, sin embargo es una comunicación más genérica que no necesariamente debe ser codificada para que no sea interpretada por el adversario. Aun sabiendo el significado de un vocablo u otro, su uso no perderá utilidad puesto que suponen un apoyo en la elección del poseedor. Prueba de esto, es que cuando dos equipos de la escuela se enfrentan, ambos utilizan los mismos vocablos y son conocidos por todos. Si el delantero que presiona a un lateral con balón para hacer la ayuda a su medio de banda, escuchase un «estoy» por parte del central adversario, sabrá que se está ofreciendo como apoyo pero ello no facilitará la interceptación. Si optase por disuadir dicha relación entre lateral y central del equipo contrario, modificaría la situación inicial para dar paso a otra diferente donde la elección del poseedor sea probablemente, también otra.

¿Qué utilidad tiene el uso de vocablos particulares para comunicarse ante situaciones estándar?
La primera utilidad de estos vocablos es la de generar una identidad o una cultura diferenciada de la escuela. Si una persona invidente presenciara un partido de fútbol de nuestra escuela, fácilmente reconocería la comunicación de uno de los equipos como un aspecto identificador. Cuando un alumno de un equipo particular de la escuela, por diversas razones, juega en otro de la misma entidad, su integración se hace más fácil cuando reconoce la comunicación de sus compañeros. Hay una cultura común que no solo se expresa en los vocablos, obviamente pero que es reforzada por ellos.
A partir de esa primera utilidad, tendremos otras como por ejemplo que fomenta que los niños de un equipo se hablen entre ellos. A los niños les gusta comunicarse con este tipo de palabras con significados especiales. Aunque no sean «secretas», en cierto modo, a los niños les atraen los códigos de comunicación. A menudo, las únicas palabras que un niño verbaliza durante un partido, por su timidez o por la razón que sea, son precisamente estos vocablos.
Una utilidad importante del uso de vocablos, es que facilitan la comprensión de determinados conceptos o principios. Comprender el significado del término «estoy» facilita al mismo tiempo, la comprensión del concepto «apoyo» en cobertura al poseedor del balón. Así mismo, comprender el vocablo «hay» supone que se entiende el principio de buscar progresar por las zonas menos densas de adversarios, o que el niño ya intuye que se puede cambiar el juego de una banda a otra. Estos «vocablos» que tienen una clara vocación orientadora en el espacio, son un apoyo notable para cuando el niño apenas está entendiendo los conceptos de anchura y profundidad, por ejemplo.
Aunque en el CD Imperio, donde oí primera vez estos vocablos en particular, tenían gran número de ellos para muchos tipos de situaciones defensivas y ofensivas, la verdad es que la cantidad de «vocablos» que podemos generar es ilimitada y en cada escuela se pueden establecer «significantes» comunes para ser usados en tantas situaciones estándar como un profesor desee. En ANGELES, hemos estandarizado una decena de vocablos que los niños van aprendiendo a usar conforme se van presentando tales situaciones o según van aprendiendo los conceptos.
¿Cómo enseñamos estos vocablos?
En realidad es bastante sencillo. Simplemente diseñamos una tarea donde el concepto vinculado al vocablo pueda aparecer con más o menos frecuencia y explicamos al niño que puede hacer uso del mismo. Explicamos en qué tipo de situaciones se usa el vocablo que queremos presentarle y vamos reforzando positivamente cuando la conducta de comunicarse mediante estos se vaya dando. El proceso es bastante natural y sin forzarlo, los chico de un equipo van asumiendo la posibilidad de expresarse mediante los mismos cuando quieran pedir el balón o cuando quieran expresar la alternativa determinada que se relaciona con el vocablo particular que esté usando.
A menudo, podemos establecer una tarea donde introduzcamos algún constreñimiento o alguna regla que favorezca la aparición de la conducta vinculada al vocablo. Pensemos ahora en «estoy» y veamos la tarea 11 que les mostramos a continuación. En un 3×3, establecemos que en ataque, uno de los jugadores tiene que ocupar una zona detrás de la línea de meta y le damos la posibilidad de recibir sin peligro de perder el balón durante al menos 5 segundos, si pide el balón previamente usando el vocablo «estoy». Cada vez que el poseedor del balón se sienta acosado o presionado por sus adversarios y vea difícil progresar mediante una acción individual o pasarle el balón a su compañero más avanzado, oirá una voz amiga que le ofrece un alternativa para no perder el balón y buscar progresar más tarde.

No necesariamente el uso del vocablo tiene que estar reglamentado. A menudo, basta con que insistamos y expliquemos la posibilidad de comunicar al compañero mediante una palabra determinada (vocablo), para que el niño la vaya empleando. Cuando todos se familiaricen con los mismos, su aparición será espontánea cada vez que, por ejemplo, quiera pedir el balón desmarcado por detrás del poseedor ofreciéndole una salida a la presión del rival.
Una cuestión importante es que los niños comprendan que estos vocablos no suponen coartar su libertad de elección en el juego. A menudo los niños entienden esta comunicación como una «indicación» del compañero o como una «orden» que tienen que seguir sí o sí. Es importante que sean conscientes de que siempre deciden ellos, y que escuchar a un compañero pedirla en «estoy», no quiere decir que deba darle el pase obligatoriamente por ejemplo, si se trata de una petición. Es un recordatorio de que existe esa posibilidad, pero no una obligación. Cuando se usan vocablos defensivos, igualmente tienen la libertad de elegir, aunque con frecuencia y con ciertos vocablos, deban asumir que el compañero que le habla está mejor situado y su ofrecimiento es al mismo tiempo un aviso.
Un ejemplo de vocablo muy usado en México es decir «te van», cuando el compañero que va a recibir el balón tiene un oponente acercándose con la intención de acosarlo o interceptar el balón. En ese caso, cuando un jugador oye este vocablo «/tevan/» debe asumir el peligro inminente y actuar en consecuencia con el aviso del compañero.
Para mí, el beneficio del uso de vocablos es evidente y denota al mismo tiempo, que los jugadores de fútbol deben comunicarse en el campo. Deben, ¡hablar mucho!, tal y como a menudo oímos decir de los porteros. No solo ese puesto, el portero tiene que hablar sino todos en el campo. Esa comunicación tiene que ser eficaz, significativa y comprensiva. El próximo mes, compartiremos nuevas tareas para vuestro fichero, donde el denominador común, será el uso de diferentes vocablos que solemos emplear en la escuela.
Juan A Gallardo Bueno.





