
El fútbol es una cuestión de espacio y de tiempo. El uso de las nuevas tecnologías aplicadas al fútbol nos ha permitido medir distancias, cuantificar el empleo de unos medios técnico tácticos sobre otros. Hemos medido y analizado las relaciones que más frecuentemente se realizaban entre unos jugadores de una misma línea o cuántos duelos ganaba determinado jugador. Pero toda esa cantidad de análisis la hemos encontrado sólo en el fútbol profesional. El análisis en el fútbol base ha ido dirigido hacia la búsqueda de talentos pero no hacia su comprensión. Esta cuestión debería abordarse con mayor atención. ¿Cómo son las condiciones de las competencias en el fútbol infantil? ¿Cómo son desde el punto de vista cualitativo y cuantitativo las intervenciones de los niños en los diferentes formatos de competencia?
No hace una semana que estrenamos esta página web y con ella los dos ebooks que pusimos a su disposición. Me agrada muchísimo que el ebook gratuito se haya descargado y distribuido con tanta rapidez y que tantas personas me hayan comentado su opinión favorable hacia la propuesta que hacemos. Uno de los comentarios más comunes respecto a la propuesta tiene que ver con las dimensiones en las que yo sugiero competir. ¿no te parece muy amplio el espacio para los niños de esa edad? -me indican siempre desde México. Curioso que desde Europa, desde España, las inquietudes sean a la inversa ¿porqué juegan en México con un espacio tan reducido para los niños de esa edad?

Quienes ya han leído el otro ebook, (¿A QUÉ JUGAMOS? LA COMPETICIÓN IDEAL), han podido comprobar como en cada región del planeta, los formatos de competencia varían. En muchos países de Europa, sus Federaciones están constantemente revisando el modelo con el que competirán sus niños a lo largo de las edades pero aun así, hay cierta homogeneidad respecto a las dimensiones de la cancha de Fútbol 7, por ejemplo. En América latina, CONMEBOL y CONCACAF (salvo EEUU y Canadá), esta cuestión no está nada clara. Allá el Fútbol 7 no está instaurado de una forma oficial y las dimensiones en las que se juegan no han respetado las dimensiones propuestas por Horst Wein en FÚTBOL A LA MEDIDA DEL NIÑO.
¿Qué implicaciones tiene el factor dimensiones de la cancha sobre el proceso de aprendizaje? ¿Cómo afecta el factor número de rivales en el número y calidad de las intervenciones?
Como ya hemos dicho, en México en particular, y en latino America en general, existe una clara tendencia a reducir el espacio de forma exagerada y esto ha ido propiciando que las competencias infantiles hayan derivado hacia un tipo de juego, y por ende, un tipo de jugador. Hay quien justifica unas dimensiones más reducidas en favor de una estimulación mayor de la técnica pero es totalmente injustificado como medio estimulador. Más bien, lo único que ocurre es que quienes tienen cierta facilidad para el aprendizaje técnico, consiguen sobrevivir a un contexto que lo dificulta en gran medida. No es que tales competencias hagan que los niños sean más técnicos, sino que provoca el abandono de quienes por una madurez más lenta, o unas experiencias previas menos ricas, no consiguen sentirse del todo cómodos en tales circunstancias.
Cuando un niño está aprendiendo a dominar el balón, requiere de más tiempo para hacerlo que alguien con algo más de experiencia. Esto es inequívoco e indudable. Los jugadores con ventaja en ese sentido, aprovecharán mucho mejor el poco tiempo que dispongan para intervenir en la competencia que los jugadores de menos habilidad. Las escuelas de Fútbol, en las primeras edades, verán serias dificultades en introducir jugadores noveles, en proceso de aprendizaje muy básico en cualquier competencia e incluso haciéndolo agrupando a dichos alumnos con otros niños de igual nivel. En un espacio demasiado reducido el niño no será capaz de controlar y pensar qué hacer con el balón. Sus rivales, con independencia de su nivel, se aproximarán demasiado rápido al novel jugador, antes que ni tan siquiera disponga de unos segundos para parar el balón. La solución pues, pasa por dos factores: reducir el número de rivales (de jugadores en el formato de competencia), y ampliar el espacio. Esto último es lo que más controversia genera puesto que se ha solido dimensionar la cancha en función de la talla (a niños más pequeños, cancha más pequeña) y no de la capacidad (a niños menos hábiles, más tiempo, es decir, más espacio).

Los datos obtenidos del análisis de videos de Fútbol 3 en las diferentes edades nos arrojan unas estadísticas muy reveladoras. Si bien de por sí la reducción de jugadores en los distintos formatos es equivalente a una mayor frecuencia de intervenciones de cada participante; la ampliación del espacio favorece una mayor calidad en las mismas. Es decir, un niño de cinco años, al competir con más espacio en el fútbol 3, realiza conducciones más largas, posee un promedio más alto de tiempo el balón cuando interviene y comete menos errores. Es más que probable que estos datos también se relacionasen con un mayor placer al competir puesto que todos tenemos cierta conciencia que al intervenir con el balón el niño aumenta su sensación de eficacia y de alguna manera mejora su satisfacción tras el juego.
Una densidad de jugadores demasiado alta, es decir, un espacio más reducido, favorecerá las ayudas defensivas entre otras cosas y por consiguiente, un jugador con menor habilidad difícilmente podrá salir airoso de un encuentro con varios rivales. Ampliar la cancha, separará las ayudas defensivas y aumentará con ello, las posibilidades de tener éxito en duelos 1×1 que además vendrán precedidos de cierto espacio o tiempo para controlar el balón y encarar al contrario. Esto se refleja en las estadísticas que presentamos en nuestro ebook UNA PROPUESTA PARA COMPETIR, JUGANDO. En tales estadísticas, observamos claramente un aumento de la calidad de las acciones en cada una de las modalidades cuando reducimos el número de jugadores y al mismo tiempo, otorgamos un espacio más amplio en la cancha. Ambos factores unidos, actúan al unísono sobre las sensaciones de eficacia que hemos mencionado, incluso en los niños de menos nivel de aprendizaje.
Estos criterios funcionan de forma similar conforme avanzamos en las edades. A mayor nivel, menos espacio se requiere pero al mismo tiempo, los contenidos se van haciendo más complejos por lo que para pasar de nivel, debemos facilitar primero la comprensión de los nuevos contenidos partiendo de la cancha lo más amplia posible. Es decir, si pasamos del fútbol 5 al fútbol 7, el nuevo formato demandará del jugador, atender a una serie de contenidos que no habían aparecido anteriormente y que no dominará a la perfección, por lo que lo conveniente será que la práctica de esa modalidad se haga en condiciones de amplitud. A medida que se vayan dominando tales principios y contenidos novedosos, -sobretodo en entrenamientos-, podemos ir reduciendo los espacios con el objeto de modular la dificultad hacia un nivel más alto.
En el fútbol base requerimos de un mayor estudio de estos factores, relacionando ambas variables, tiempo y espacio con una mayor o menor frecuencia de intervenciones; y con la calidad que dichas acciones tengan (tipos de conducciones, porcentaje de acierto en los pases, etc.). Si el objetivo es enseñar a jugar, la metodología debe contemplar la posibilidad de facilitar al máximo el aprendizaje del juego, independientemente del punto de partida inicial de un niño. Debemos dejar de ser un deporte practicado sólo por quienes tienen aptitudes de forma temprana y no descartar como talentos a quienes no. Estoy convencido, porque la experiencia me lo ha ido demostrando, que si los niños que a priori, tienen menos talento, se encuentran un contexto de aprendizaje que propicie en sus primeras etapas aumentar sus sensaciones de eficacia, mejorando la percepción de sí mismos en la competencia, su autoestima y confianza, con la continuidad en la práctica irán emergiendo cualidades y desarrollándose capacidades que no veríamos en un primer momento.
Concluimos pues, que para que la competición sea formativa, el niño tiene que participar de forma significativa. Y esto no se consigue sólo estando dentro de las alineaciones sino haciendo que en cada minuto participado, sea de más calidad y facilite el desarrollo del talento y capacidad de cada niño. Hemos de considerar una máxima en el aprendizaje de cualquier contenido nuevo: de lo sencillo a lo complejo. De lo fácil a lo difícil. Aumentar el espacio es, como ya hemos dicho, aumentar el tiempo para controlar, decidir y ejecutar, es decir, facilitar la acción. Disminuirlo, sólo tiene sentido cuando queremos dificultar la ejecución, o queremos aumentar la velocidad de las intervenciones (restar tiempo en las mismas). ¿Tiene sentido dificultar la acción de quienes menos saben, los niños? Es evidente que no, por lo tanto, desde aquí mi invitación a todos los responsables del fútbol infantil a revisar este aspecto tan fundamental de la enseñanza.
Espero sus comentarios a esta nota.
Juan Antonio Gallardo Bueno





