TENDENCIAS CAMBIANTES.
A menudo la metodología de enseñanza del fútbol se ve influenciada por las tendencias y modas en el alto rendimiento. Si el equipo de moda juega de una manera determinada, pareciera que impone un modelo a seguir por los equipos más pequeños. Si el entrenador más popular, desde ese enorme altavoz que supone expresarse cada fin de semana desde la sala de rueda de prensa, deja entrever alguna opinión sobre cómo piensa él que debería ser la formación en el fútbol base, no importará que jamás haya ocupado un rol dentro de dicho proceso o que nunca haya trabajado con niños, porque su opinión correrá como la espuma entre la comunidad de entrenadores que se desempeñan en el ámbito amateur o en el fútbol infantil sólo porque aun no han conseguido ser ellos quienes se sienten en la sala de prensa. Y es así como en gran parte del fútbol formativo, la opinión de un entrenador en la élite se convierte en un dogma que arrastrarán las siguientes generaciones.
Probablemente con el regate y la capacidad del jugador en el 1×1, nos encontremos con el más claro ejemplo de estas oscilaciones o modas. Y así pasamos de una metodología donde prácticamente todo el afán estaba en lo individual hacia una práctica que sólo reparaba en lo colectivo, para tener que volver a escuchar justo ahora, que necesitamos «regateadores». ¿en qué quedamos? Creo que no es necesario en estas notas que comparto con vosotros que nos enredemos en una terminología científica que nos haga perdernos en un laberinto de justificaciones a todas luces necesarias en escritos de otra naturaleza. Pero mi intención con esta nota, sin dejar de lado los conocimientos que nos aporta la ciencia, es tratar de encontrar una salida más pragmática. Vaya por delante pues, que nosotros no nos decantaremos entre individual-colectivo, porque en un deporte como el fútbol, ambos elementos están interligados, el jugador es en, por y para el equipo, como a su vez el equipo es por el quehacer de todos sus individuos; siendo que menudo, el todo busca reforzar las cualidades de un jugador en particular.
En el fútbol ambos equipos buscan lo mismo, marcar más goles que el contrario. Esto conlleva que todos los miembros del equipo dispongan del máximo de recursos ofensivos y defensivos. A medida que un equipo tiene entre sus filas, jugadores con más capacidades, con más recursos, el juego colectivo tiene la posibilidad de irse enriqueciendo a través de unos valores comunes, y de un ideario compartido a través del cual se manifiesta. Un equipo, donde sus jugadores por otro lado, tienen recursos limitados, también verá mermada su capacidad colectiva. Esta premisa tan lógica, ha sido obviada a menudo porque a lo largo de la historia, han aparecido equipos que con jugadores más limitados han conseguido rendir por encima de plantillas con mejores jugadores individualmente. Efectivamente, la cohesión de grupo, la fe en los medios colectivos, y valores como la solidaridad, el esfuerzo, la generosidad con el compañero, el afán de ayudarse mutuamente, ha conseguido equilibrar el talento individual cuando este no compartía las mismas premisas con los demás miembros de su equipo.
Pero recuerden ahora, sobre todo ahora, que nos encontramos en el medio formativo. Que estamos hablando de niños que aspiran a aprender a jugar este deporte y que por tanto, el rendimiento pasa a un segundo término. Coincidiremos en que, en el fútbol base aprender es más importante que ganar. Y dada esta priorización en las finalidades es que debemos hacer que el niño que aprenda, experimente en un contexto donde pueda aumentar u optimizar sus propios recursos. El regate, como otros medios técnico-tácticos individuales, es fundamental. Y dada su importancia, a este contenido hay que darle su tiempo y espacio en nuestras programaciones. ¿cuando? ¿cómo? Bueno eso es lo que vamos a intentar explicar a continuación.
¿CUANDO?

La cuestión de cuando exponer más a nuestros alumnos a este tipo de contenidos es clara, ¡desde el principio! Dado que el regate conlleva una alta capacidad de manejo del balón y por tanto, desde que el niño llega a la escuela, toma contacto con la pelota, de alguna manera estamos favoreciendo el desarrollo de esta capacidad. Pero si nos ponemos más estrictos y consideramos que el regate o el desborde conlleva forzosamente superar a un adversario (1×1), entonces es posible que dicha intención (desbordar) aparezca hasta los cinco o seis años. A partir de estos seis años, el 1×1 irá presentándose en los sucesivos tres o cuatro años con bastante frecuencia y con cada vez, más complejidad en su realización puesto que habrá una evolución en cuanto a la dificultad de la oposición a superar. Tal vez, nunca haya que dejar de lado este factor individual en el regate y debamos procurar exponer siempre a nuestros jugadores a situaciones donde sus recursos se vayan optimizando a lo largo de su desarrollo físico, pero probablemente de alguna manera, el propio juego por sí mismo, ya expone al futbolista al 1×1, por lo que más que procurar diseñar tareas, deberíamos fomentar un ambiente en el que. nuestros jugadores se atrevan y no teman el error en estas acciones.
¿CÓMO?
Otro foco a considerar es cómo enseñar o más bien, cómo aprenden a regatear. Mi admirado Rubén Rossi cuenta siempre «que no se puede regatear un cono» porque la esencia del regate es el engaño. «¿alguien me puede decir a mí como se le engaña a un cono?», alega irónicamente el formador argentino que critica de esta manera los métodos tradicionales y apela claramente al juego como el verdadero maestro. En mi opinión personal, y sin quitar ni un sólo ápice de razón al profesor Rossi, la intervención del profesor de fútbol puede ser positiva si es capaz de exponer a sus alumnos a un contexto donde exista una progresión en la dificultad de la tarea que permita también a los menos hábiles, superar a sus adversarios sin que forzosamente debamos sustituir o mermar la oposición real de un compañero por un cono inerte al que únicamente sortear mediante conducción.
Es evidente que los mejores regateadores de la historia del fútbol han emergido desde un contexto de juego libre, por lo general en la calle, la placeta o el potrero -como en Argentina-. Pero no por ello, tenemos ahora que añorar con melancolía ese juego en la calle de nuestros alumnos, dado que los contextos han cambiado respecto a nuestra generación y hoy día ese hábito de salir a la calle libremente y jugar, ya no es ni posible ni seguro. Lo que sí podemos hacer es, de alguna manera, «traer ese juego de la calle a las escuelas». Proponer en nuestros entrenamientos, juegos que beban de su esencia y hacer que nuestros alumnos se sientan libres, -poco cohibidos por el ambiente-, para jugar, experimentar y ser creativos en situaciones de 1×1. Así pues, en los entrenamientos de las primeras edades, siempre debería existir un tiempo de juego donde se estimule ese juego callejero, ¡libre!.

TIPS PARA OPTIMIZAR LA CAPACIDAD EN EL 1X1.
- MUCHO CONTACTO CON EL BALÓN. Fomenta que tus alumnos tengan mucho contacto con el balón en las primeras edades. El manejo que tengan del móvil será fundamental para desarrollar posteriormente su facilidad para el regate. Expón a tus alumnos tareas con entorno cambiante, inestable donde tenga que llevar el balón a través de zonas con diferentes y frecuentes estímulos a percibir.
- RIQUEZA MOTRIZ. Propón constantemente juegos con diferentes componentes motrices. Juegos en los que el participante tenga que frenar, acelerar, cambiar de dirección, ¡fintar!, etc. La motricidad o la corporalidad es un constreñimiento muy importante a la hora de revisar la capacidad del alumno para el desborde. Los grandes regateadores han sido jugadores con una gran capacidad motriz para usar su cuerpo en el engaño y han gozado de una gran coordinación. En las primeras edades, los juegos con un componente importante de fuerza son también esenciales, dado el menor tiempo de práctica motora de los niños en su tiempo de ocio, debemos compensar la misma con una práctica rica en saltos, desplazamientos, etc.
- EXITO A SU ALCANCE. Si la primera vez que hacemos algo, nos topamos con un problema que vemos como insuperable, dificilmente tendremos la mentalidad de volver a intentarlo. No tenemos los recursos para hacerlo y por tanto, el fracaso nos hará desistir de seguir haciéndolo. Por ello, la intervención el profesor debe favorecer que cualquiera tenga una mínima oportunidad de lograr la tarea. Para ello, hay diferentes recursos didácticos que mermarán la oposición para que un aprendiz pueda experimentar a su nivel.
- NO SÓLO REGATE. Si constantemente jugamos a «regatear» mediante tareas donde individualmente debamos superar a un adversario, de alguna manera estaremos desvirtuando el juego. El 1×1 nunca se da en el juego como algo aislado. Maradona regateó a medio equipo inglés en el mundial de México 86, fintando un pase a los compañeros que le fueron acompañando durante toda su carrera hacia el área inglesa. En las tareas, debe existir la posibilidad de resolver de diferentes formas. El jugador debe poder elegir entre pasar el balón o regatear individualmente a su oponente. Por ello, las tareas de 2×1 son muy interesantes en este sentido.

- RECURSOS VARIADOS. El profesor ha de procurar que el jugador experimente con diferentes recursos. Si un jugador es muy rápido, procurará usar esta cualidad para superar siempre a sus adversarios, pero en formación es importante que le demos oportunidad de ensayar, probar, experimentar con más recursos. El diseño de tareas ha de tener en cuenta esta situación. Por ejemplo, proponer una tarea en serie donde se enfrente 1×1+1+1+1 (donde cada defensa se sitúe en una zona asignada colindante con su sucesor), evitará que ningún jugador se tire un autopase largo para beneficiarse de su mayor velocidad. Con esa tarea, lo invitamos sutilmente a que pruebe otros recursos.
- COMPETICIÓN ADECUADA A LA EDAD. Dado que en nuestro entorno disponemos de una amplia oferta de ligas donde participar, como entrenadores debemos elegir aquel formato que favorezca una participación efectiva y significativa. Aquellas modalidades con pocos jugadores (fútbol 3 ó fútbol 5) donde el poseedor disponga de espacio suficientes y la densidad de contrarios no sea muy alta, darán la oportunidad de practicar con frecuencia el 1×1 en los partidos.
CONCLUSIÓN:
El 1×1 es un contenido fundamental en todo el proceso de formación del jugador. Es especialmente importante favorecer su exposición durante la etapa entre los 6 y los 9 años. Acometer este contenido requiere del profesor seguir una serie de premisas en el diseño y propuesta de juegos-tareas, aunque principalmente le demandará un liderazgo que favorezca un ambiente de confianza donde el alumno se sienta dispuesto a arriesgar en el cometido siendo creativo, experimentando. Los entrenadores deben elegir competencias donde se favorezca la experimentación de los contenidos propios de cada edad. En este caso, una competición con demasiados jugadores, dificultará se le presenten oportunidades suficientes al participante, de probarse en el 1×1. En cada entrenamiento deberían disponer de un tiempo mínimo para el «juego libre» con pocos jugadores (3×3 ó 4×4) donde puedan probar sus recursos.
El próximo mes, las fichas que publicaremos tendrán como contenido principal, el 1×1, o el desborde.
JUAN A GALLARDO BUENO





