A falta de quince minutos para que comience el partido, un equipo se emplea en juegos de calentamiento en una de las esquinas del campo. Está casi todo el equipo completo, unos diez niños. Falta alguno por llegar pero de su adversario en esos momentos sólo cuenta con dos jugadores y su entrenador atiende inquieto a la entrada del campo, porque teme no completar a tiempo el siete inicial. Cada niño que llega es festejado por sus escasos compañeros que han comenzado a pasarse el balón hasta que el cuarto les permite organizar un pequeño rondo. Llega un quinto a falta de cinco minutos y el árbitro avisa a los dos equipos para que se vayan formando a su alrededor para entregar las credenciales.
Instantes antes de empezar, el profesor ha tenido que improvisar una alineación incompleta con cinco jugadores, esperando que no tarden en llegar los demás y que cuando lo hagan no sea demasiado tarde para competir por el partido. Su rival tiene a once niños y los siete jugadores sobre el campo esperando el inicio del partido. Con semejante ventaja numérica, la victoria en el enfrentamiento se presume más cercana. Las familias ya se han ido situando en los laterales de la línea lateral frente a ambas bancas y el árbitro está a punto de empezar el partido.
La escena anterior es bastante recurrente en el fútbol infantil en México. Especialmente porque cada equipo participa en más de una liga y porque cada uno de los niños tiene más de un compromiso entre el equipo del colegio, el club y por supuesto las demás actividades de sus hermanos. Con suerte sus padres han cuadrado la agenda para que entre ambos, y a veces con los abuelos ayudando, puedan responder a tan exigente logística. Mamá llevó al menor al partido de basket y papá se hizo cargo del mayor para después del primer partido, desplazarse rápidamente hasta el segundo. Por suerte, algunos llegan a tiempo, pero por desgracia, otros no. Así de sencillo. Y así de fácil es que los resultados de una liga infantil estén tan condicionados por este tipo de factores logísticos. Cuando un equipo no alcanza a completarse en el campo, no siempre es una cuestión de falta de compromiso de sus padres, sino todo lo contrario, de exceso de los mismos más bien.
Esas circunstancias no suponen para nada una excusa para que toleremos la falta de puntualidad o la falta de compromiso. Para nada. Pero sí es una situación que merece la pena revisemos las escuelas de fútbol de cara a mejorar la experiencia deportiva de nuestros equipos. ¿Qué supone jugar con semejante ventaja numérica? Evidentemente, la primera consecuencia es que facilita el resultado pero ¿se acuerdan del concepto de fair play?
El fair play se caracteriza, entre otras cosas, por priorizar el gusto por competir limpiamente, disfrutando del deporte, del juego, muy por encima del afán de ganar. El fair play también es jugar con honestidad y honradez. Es no tratar de engañar al árbitro para conseguir una ventaja. Es respetar al adversario, a los compañeros y a todos los elementos que forman parte del juego, que lo componen y lo permiten. Es todo eso pero insisto, es priorizar jugar, retarse, respecto a conseguir un marcador. Esto último es lo que justifica que desde hace años, mis escuelas tomen siempre la misma actitud. Si el equipo contrario no se completa, nosotros iniciamos con el mismo número de jugadores que ellos.
No es a razón de creer que somos superiores deportivamente, puesto que alguna vez nos ha costado perder el partido contra un rival bastante fuerte, pudiendo haber jugado con uno o dos más elementos. Lo hemos hecho durante la fase regular y lo hemos puesto en práctica en fases finales de campeonatos. Para nosotros, lo importante es JUGAR y APRENDER. La mejor manera de conseguir nuestro propósito es hacerlo de igual a igual.
Así pues, la escena que les relaté al principio continua con el entrenador del equipo que está completo llamando a dos de los niños para que salgan del campo y esperen pacientes en la banca a que les toque sustituir a un compañero; o a que el equipo rival reciba un nuevo integrante de los que llegarán retrasados y puedan volver a la cancha. Los cinco niños que esperaban en la cancha intranquilos por jugar en desventaja, cobran ahora nuevos bríos. El partido no se convertirá en una cruel dinámica de sobre esforzarse para acabar inevitablemente recibiendo una goleada. Será, nuevamente, un juego donde superar al un adversario en plenas condiciones de intentar lo mismo, sea la única motivación. Y jugando así, todos aprenden.

A las familias no les cuesta tanto entenderlo. Al menos a aquellas que entienden y valoran el proceso. Si hay resistencias es porque por demasiado tiempo se nos ha vendido que ganar era lo más importante, y en ese supuesto, jugar con superioridad se convierte en algo hasta deseable. No son pocos los padres o madres que llevan la cuenta de los goles a favor del equipo, goles en contra, el diferencial respecto a los otros equipos de la clasificación y atienden -en demasía- a la estadística y la clasificación. Tanto que a menudo me han recriminado haber tomado esta postura ante un rival directo en la clasificación al que necesitábamos ganar por goleada. Pero son casos contados los que se lo toman así. Basta darles la información de porqué se toma esta postura para que sean ellos mismos, partidarios de hacerlo.
Como les digo, es una postura que llevamos haciendo años y es conocido por todos que nuestra escuela actúa de esa manera cuando el rival no se completa. Incluso forma parte del ideario con el que nos identificamos en nuestra web, al presentarnos como escuela. Pero algo muy bonito que nos ha pasado recientemente es que hace muy pocos meses, un entrenador de un equipo contrario actuó así con su equipo cuando fuimos nosotros quienes no se completaron al inicio del juego. Que esto se haga tendencia, que se haga lo normal, sin duda favorecerá el tener un fútbol más formativo.
Estamos en enero, las ligas que son semestrales están a punto de comenzar y es buen momento para hacer comunidad todos juntos. Compartir este mensaje entre nuestras familias, jugadores y entrenadores. Cambiar el fútbol infantil para convertirlo en un contexto más deseable es empezar por pequeños detalles que están muy a nuestro alcance. Evidentemente lo deseable es que esta situación de equipos que no se completan no se diera nunca o lo mínimo posible. Pero si alguna vez, por las razones que justifiqué al principio, la logística familiar falla y el equipo adversario no alcanza a contar con todos los jugadores, demostremos en ese momento nuestro fairplay. ¡Juguemos en igualdad!
Juan A. Gallardo





