FAMILIAS COMPROMETIDAS CON EL DEPORTE.

«Nosotros somos muy comprometido -alegó la familia buscando la aprobación a su petición- Deseaban que yo autorizara la incorporación de su hijo en otro equipo presumiblemente de mayor nivel y en el que todo el mundo sabe que he establecido una serie de criterios innegociables que tienen más relación con la perseverancia, con la continuidad, con la constancia por ejemplo, que con el nivel de juego de los alumnos. Yo no dije nada porque no es necesario poner en duda la sinceridad de alguien. Doy por sentado que cuando una familia hace esa afirmación, está siendo sincera. La cuestión es saber con qué están comprometidos ¿y cual es el grado de exigencia que están dispuestos a asumir para conseguir eso que se proponen?

El entrenamiento o la enseñanza debe perseguir algún tipo de resultado. No me refiero al marcador o al menos no exclusivamente. Cuando entrenamos, ¿para qué lo hacemos? Si somos deportistas, querremos «superarnos», mejorar, optimizar nuestra capacidad para hacer algo concreto. De una manera u otra, debe existir la búsqueda de un resultado en forma de optimización. Los profesores que no planifican ni se establecen metas, evitan responsabilizarse de un posible futuro fracaso. No se comprometen con el proceso de enseñanza. Si no tienen una meta y no buscan lograrla durante todo el año, acaban convirtiéndose en unos funcionarios del la enseñanza del deporte a los que les dará un poco igual si una familia actúa correctamente o no, porque lo único que les moverá será evitar el conflicto con los padres. Para nadie es agradable entrar en conflicto. Para mí tampoco, pero no puedo evitarlo porque sí estoy comprometido con dicho proceso de optimización. Tengo una responsabilidad que asumo conscientemente interesado en contribuir al logro de las metas propuestas por mi equipo.

Cuando aquella familia me decía que «eran muy comprometidos» yo solo me planteaba con qué meta se comprometían. Es difícil saberlo y no me gusta invertir tiempo en los pensamientos de nadie. Prefiero moverme en el terreno de los hechos. Por lo general explico a las familias un poco sobre cómo funcionamos y qué buscamos en cada equipo. A menudo daré la impresión que los estoy frenando porque trato de ayudar a que sus expectativas en el deporte sean adecuadas. Es paradójico que alguien que se dedica a la búsqueda de resultados, tenga que prevenir tanto sobre las inconveniencias de fijarse solo en los marcadores cuando se está empezando. Pero efectivamente cada familia es un mundo y tienen diversidad de expectativas, de motivaciones, etc. Aquella familia quería estar en el equipo X de la categoría, y creían ser merecedores de ese «privilegio» que jamás fue planteado como un fin en sí mismo por nuestra parte.

Probablemente yo no podría evitar que mis pensamientos se vieran reflejado en mi rostro porque aun no había dicho nada cuando la madre agregó, «sabemos que hemos faltado mucho en el último semestre pero no sabíamos que era un criterio tan importante. Si entrásemos al X haríamos un esfuerzo por no faltar».

En aquel momento yo quería hablarles de sus expectativas; de lo importante que era para los niños que tuvieran compromiso con el deporte y se esforzaran por mejorar. Quería mencionar cuan importante es que esos valores arraiguen en la mentalidad de nuestros niños y luego afloren en cualquier situación dentro o fuera de las canchas. Quería explicarles que estaba convencido que alguien que no faltase a entrenar, acabaría mejorando siempre porque aquello que hacemos con perseverancia, suele salirnos bien. Pero de haberlo hecho me hubieran dicho que sí a todo como si estuvieran sinceramente de acuerdo. Me limité a recordarles los datos que tenía apuntados en la ficha del hijo.

«Su hijo ha faltado desde enero hasta la fecha, a 23 entrenamientos. Ello implica que tiene un promedio de casi 4 faltas al mes». Observé un poco a la familia que estaba delante mía, mirándose entre ellos. Creo honestamente que no eran conscientes de haber faltado tanto. El hijo se había incorporado tarde al inicio del semestre. Luego hubo una semana de muchísimo frío a finales de enero. A veces, tenían partido en el colegio los miércoles y aunque terminaban antes de la hora del entrenamiento, les quedaba un poco retirado o preferían no meterse en el tráfico. En semana santa vinieron unos primos y dado que se quedaron una semana más, también faltó a los entrenamientos para quedarse jugando con ellos. Ninguno de estos pormenores fue mencionado por nadie pero su mamá acabó justificando que los últimos meses, por el calor había creído conveniente no llevarlo algunos días. Efectivamente a mediados de mayo las faltas fueron mucho más recurrentes y sí, el calor estuvo intenso.

La conversación continuó amablemente con otros muchos temas. Me pidieron algunas recomendaciones hacia su hijo y me contaron algunos detalles de cómo le iba en el colegio. Me agradecieron mi tiempo y cuando se despedían, agregaron su intención de no faltar tanto a los entrenamientos en el siguiente ciclo.

El pasado fin de semana las temperaturas bajaron drásticamente en Monterrey. En esta zona de México no se está acostumbrado al frío pese a que cada año, por algunos días, llega algún frente del norte. Tanto el cerro de la Silla como algunas otras montañas que rodean la ciudad, amanecieron con algo de nieve en sus cimas. El lunes la temperatura no era tan extremadamente fría pero aun así, muchas familias decidieron no acudir al entrenamiento. Yo pedí la lista de asistencia de ese día y di una ojeada a los nombres que sí habían entrenado. Tenía esta nota a medio escribir y pensaba publicarla hasta la semana próxima semana pero Edson envió unas imagenes en el chat con niños entrenando en sudadera con la capucha puesta que me motivó a terminarla.

Los alumnos que pese al frío entrenan, pese a la lluvia entrenan, pese al sol entrenan,… ¡pese a los malos resultados! ¡entrenan!, tienen familias que yo considero comprometidas. Aquellas que cuando llega el final del año y repasamos sus faltas de asistencia total, te sorprenden lo poco que han faltado si es que lo han hecho alguna vez, son las que valoran y dan importancia a la formación deportiva. Y no ha de ser casualidad, que quienes menos falten, mejor jueguen. Los equipos X, tienen mejor porcentaje de asistencia que cualquier otro equipo. No porque sean buenos van más a entrenar, sino que porque van más a entrenar, son buenos. (¡ya les hice un lío!).

Ustedes lean la nota, atiendan a sus objetivos. Falten cuando crean que tienen que hacerlo. Si faltan mucho, es también su derecho y nadie les puede recriminar nada por ello. Pero si faltan, no esperen logros deportivos porque estos sólo llegan con la exigencia y la constancia. Sean consecuente con sus deseos nada más.

Aquellos que entrenan, que no se permiten faltar nunca, bien porque disfrutan de los entrenamientos pero también porque se sacrifican en pos de su propia mejora, son los que conseguirán superar sus propios retos.

Juan A. Gallardo Bueno

REGISTRO EN LA

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