EL FÚTBOL Y LA REGLA DE TRES.

La especulación con los resultados es una forma de generar expectativas y dificultar el disfrute por el juego.

Si el fútbol tiene alguna lógica interna, les aseguro que está lejos de ser lineal. Afortunadamente para todos y puede que ahí resida incluso la esencia de su atracción, el fútbol es un deporte complejo donde interaccionan infinidad de variables y la incertidumbre es total. Tantos factores que ejercen su influencia que no podemos controlar o al menos, predecir el rendimiento con una simple regla de tres. Y desgraciadamente esta regla de tres es de lo más común entre los corrillos de padres y madres de un equipo. Especulan con el resultado futuro, ateniéndose simplemente a los resultados pasados. Algo muy humano por supuesto, pero que suele tener su contraindicación en las expectativas colectivas que se generan cuando se le dan alas a un optimismo ingenuo en forma de ecuación matemáticas. Y sobretodo, tiene su consecuencia más sutil por un lado pero dañina por otro, en que establece una aspiración de rendimiento en el jugar de los niños que ya no lo harán por el disfrute sino por el «resultado». ¡Devastador!

«Ellos les ganaron sólo por uno a tal equipo al que nosotros goleamos, luego estoy seguro que les ganaremos fácil».

«Si jugando en una categoría mayor hemos jugado bien, cuando lo hagamos en nuestra categoría…»

«Si ganamos 2-0 y no estaban ni Mengano ni Setano que son muy buenos, cuando estén, ¡golearemos!»

Pero insisto, obviando esas consecuencias tan negativas de predecir un resultado, es que además es absolutamente inútil el empleo de esa regla. ¡No sean tan jodidamente simples! En matemáticas, la regla de tres consiste en establecer una conexión de proporción lineal entre diferentes valores conocidos para hallar una variable desconocida. Es en cierto modo natural que la empleemos para todo en nuestro día a día, pero les aseguro que no tiene ningún sentido usarla para predecir un rendimiento. Y no solo se van a equivocar, sino que mucho peor aun, sus predicciones suelen generar unas expectativas que se convierten inmediatamente en un obstáculo más a sortear.

Cualquier especulación o valor que otorguemos a los resultados, generará una presión añadida para quienes juegan. Los partidos se juegan y hay que procurar hacerlo sin tener más expectativas que intentar ganarlo sabiendo que cualquier resultado es posible en fútbol. Seguro que les habrá tocado vivir alguna experiencia donde esa regla de tres les inducía a pensar que un partido se ganaría por goleada pero al disputarse el partido, las cosas empezaron a no salir tan bien, todos se pusieron nerviosos porque el gol no llegaba y finalmente no solo no se goleó sino que además se acabó perdiendo. Es de lo más habitual. Es paradójico como en el fútbol profesional, los entrenadores se esfuerzan por quitarse la etiqueta de favoritos, sabedores del peso que ello supone para los jugadores y en el fútbol amateurs los padres busquen argumentos para situarse precisamente en ese estatus, el de favoritos. Da que pensar en lo mal que juegan a veces las familias.

Mi consejo con estas líneas es que eviten especular sobre el resultado futuro en un partido. Procuren ir sin más expectativas que disfrutar el mismo sabiendo que cualquier resultado es posible. Eviten darle crédito a quienes empleen estas «reglas de tres» para justificar sus vaticinios. El fútbol y la regla de tres no se llevan nada bien y cada vez que puede, nuestro deporte exhibe la inutilidad de esta operación matemática. Baste que uno se vea superior a otro para que el fútbol nos devuelva a nuestro lugar con un resultado absolutamente inesperado. Basta que uno crea que un partido será de trámite para que sea ese el que «peor» jueguen los chavos. Y déjenme decirles que es probable hasta sea este empeño en crear expectativas hacia un torneo o partido, el primer gol en contra a remontar.

Jugar bien como familias, es hacer como esos entrenadores profesionales que se afanan en quitar toda la presión posible a sus jugadores, evitando comprometerse con ningún resultado y mostrándose confiados en la buena actitud de los suyos para afrontar el partido.

Por favor, dejen de hacer predicciones y especular con los marcadores de sus hijos.

Juan A Gallardo Bueno

«Si caminan pensando sólo en la meta, en los kilómetros que faltan para llegar, no hallarán ningún placer en cada paso. Disfrutar el camino es olvidarse de a donde se quiere llegar e incluso no pretender llegar a ningún lado. Andar por andar».

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