No tengo ni idea dónde aparecerá el talento. A diferencia de las familias que lo ven por doquier y que con seguridad me lo señalan, yo que llevo tantos años en el medio de la enseñanza del fútbol, no tengo ni idea de cómo reconocerlos a tan temprana edad. Durante toda mi carrera como entrenador primero y luego por tantos años en la dirección de escuelas de fútbol, he aprendido eso sí, un par de cositas sobre cómo buscarlo. También he comprobado como dicho talento en ningún caso puede ser considerado innato (aun existiendo factores genéticos que favorezcan a un jugador, alcanzar altas cotas de rendimiento) y está más condicionado por el ambiente de lo que la gente cree. Eso sí, desconozco si cuando hablo del ambiente, la gente piense en las mismas circunstancias a las que yo doy valor.
En otros deportes, la relevancia de la carga genética es mucho mayor. Nadie puede obviar que por ejemplo en atletismo, en algunas modalidades del deporte de élite, se exigen ciertos patrones corporales y biológicos para trascender a nivel competitivo. Por más que yo me hubiese entrenado desde muy pequeño con los mejores entrenadores, si hubiera querido alcanzar altas cotas de rendimiento en la prueba de los cien metros lisos, es un hecho que hubiera fracasado, por no disponer de las aptitudes que definen el perfil de talento que predomina en la élite. Obviamente, en todos los deportes, alcanzar la élite es bastante difícil puesto que por sistema, es solo para unos pocos. Es para los mejores, pero en fútbol, a la élite se accede desde diferentes perfiles genéticos. Más bien el talento acaba emergiendo desde otras cualidades menos determinadas por la genética y por ello que vemos futbolistas que ganan un mundial siendo altos o bajos, rápidos o lentos. ¿quiere decir eso que la familia no sea determinante en la consideración del talento para el fútbol? Todo lo contrario, la herencia familiar es fundamental.
De hecho en este artículo os quiero hablar de algo que sin transmitirse de padres a hijos por medio de la genética, sí considero es una herencia familiar. Hablo de cualidades que si bien no son estrictamente del alumno-jugador, sí que constituyen los nutrientes del contexto en el que emerge el talento. De alguna manera en el fútbol, las familias también influyen en el perfil del talento para el fútbol aunque no por la vía de los cromosomas, como ya he indicado. A lo largo de estos años, he ido hablando de lo que considero indispensable para alcanzar altas cotas de destreza en la práctica el fútbol. Si una escuela quiere enseñar bien a jugar fútbol, de alguna manera debe fomentar que el contexto en el que sus alumnos crecen, esté regado por estas condiciones que tanto beneficiarán el surgimiento del talento. En mi opinión, son cualidades que incluso influyen más que la propia metodología, o más bien, que potencian el efecto de esta.
Es tal la importancia que le damos, que en nuestra configuración de los diferentes equipos selectivos en la escuela, estos datos o información, adquieren un papel muy relevante en la toma de decisiones. Es incluso más importante que el propio nivel del juego del alumno en edades tempranas puesto que considero que una valoración positiva en estas premisas acabará por concluir en un mayor nivel de juego a medio y largo plazo. Esto creanme, lo constato habitualmente.

Por ello para mí, los tres siguientes datos son fundamentales a la hora de predecir el talento futuro de los alumnos. Mucho más que el propio nivel de desempeño que podamos observar en ellos. COMPROMISO, INTENSIDAD Y EDUCACIÓN DE LAS FAMILIAS.
COMPROMISO. Asistencia a los entrenamientos.
El compromiso de una familia a la hora de llevar a sus hijos a los entrenamientos es algo que marcará mucha diferencia en el nivel de juego futuro. Cuando son pequeños, y partiendo del interés permanente del menor por asistir, dependen de sus padres para que lo lleven desde su casa a las instalaciones. Una falta de asistencia no es relevante en sí misma, pero al cabo de un año completo, el porcentaje de asistencia de una familia muy comprometida con otra que no lo sea tanto, puede suponer una diferencia de más de veinte o treinta horas. Si esto se repite cada año, a la larga tenemos que el hijo de una familia comprometida entrena cientos de horas más que el hijo de una familia que no lo es. Así de sencillo.
A lo largo de estos años, tenemos multitud de datos interrelacionados entre sí. El porcentaje de asistencia a entrenamientos, acaba siendo un factor decisivo en el rendimiento del joven jugador teniendo que aquellos alumnos que llegan por ejemplo a disputar un Dallas Cup (mayores de doce años), son precisamente los que menos faltaron a entrenar durante todo el proceso. Después de unos años, los equipos selectivos tienen un porcentaje de compromiso significativamente mayor que otros equipos de la escuela con un interés mayor en otras actividades (de índole social o deportiva).

Como todo, la virtud está en el término medio. Cada edad requiere de unas horas mínimas y también máximas, de práctica. Especialmente cuando los entrenamientos responden a un método repetitivo y no lúdico que puede sobrecargar en exceso al alumno. Saturar a un alumno de fútbol es bastante fácil si forzamos a que entrene más de lo que es necesario. Mi recomendación es hacerlo con dos frecuencias a la semana de una hora y media cada sesión. Habrá quien desee entrenar más y está bien, pero nunca como algo que no parta del propio alumno porque le motive y se divierta. Una alternativa para quienes necesitan gastar mucha energía en actividades formales, es inscribirse a otros deportes complementarios.
INTENSIDAD. Asistencia a partidos.
Fuera de México, en España por ejemplo, esta variable se difícil de comprender puesto que está normalizado en este último país que los niños disputen un único partido a la semana con su club. En México por el contrario, cabe la posibilidad que un mismo equipo dispute varias ligas a lo largo de la semana y por otro lado, los alumnos pueden estar participando simultáneamente en el equipo de fútbol de su colegio. Así que es lógico que un chico cuya familia tome muy en serio la formación deportiva de su hijo dispute más de un solo partido. Por el contrario, hay familias «menos intensas» y no están dispuestas a condicionar tanto su logística familiar por los partidos del hijo. Entre los hijos de ambas familias, el número de horas de práctica (partidos) es muy considerable. En este sentido, es importante también que el alumno se encuentre en un grupo que le permita disputar los máximos minutos posibles, aunque en ocasiones la decisión no es tan fácil. En un equipo de más nivel, se suelen participar en más ligas y por tanto, se acaban teniendo más minutos que en un grupo con menos intensidad donde hipotéticamente se vaya a contar con más titularidades.
En este apartado, también incluiría la proactividad para participar en eventos o torneos cortos de fin de semana. Recientemente los datos de dos equipos selectivos en cuanto a su intensidad fueron bastante disparejos. ¿qué equipo creen que obtuvo mayor rendimiento? ¿El que disputó más torneos o el que participó en muchos menos? Estoy seguro que no estoy descubriendo nada para ustedes.
Aunque obviamente, todo tiene un límite y al igual que en la variable anterior, un exceso de partidos tampoco es bueno. Considero que cuatro o cinco estímulos semanales entre entrenamientos y partidos es más que suficiente. Si el niño entrena dos veces por semana, dos partidos durante el finde, podrían venirle bien. Especialmente si se alternan formatos (fútbol 5 y fútbol 7; ó Fútbol 7 y Fútbol 9).
Los minutos jugados por los alumnos son importantes. A veces, por estar en un equipo de más nivel, el alumno juega bastante menos minutos que por formar parte de otro grupo donde su rol fuera distinto. Tanto las familias como la dirección deportiva tenemos que valorar estas circunstancias y ofrecer alternativas en cada caso que sean equilibradas. No siempre jugar más, con menos exigencia es mejor. Pero en este artículo, sólo estoy reparando de alguna manera en el factor, interés por la formación deportiva del hijo. No pretendo abordar otras perspectivas del análisis que seguro nos darían para abrir un largo debate. Solo hago hincapié en la importancia que tiene que las familias pongan en valor, que su hijo no falte a los partidos. Sólo eso.
EDUCACIÓN. Cultura cívica de los padres.
Este tercer factor pareciera no tener relevancia y pertenecer sólo al ideario de las escuelas para que su comunidad sea más llevadera. Nada que ver. ¿Creen que el talento surge de andar gritando a sus hijos? ¿creen que el talento de sus hijos emergerá en un ambiente grosero e irrespetuoso con el árbitro? ¿creen que el talento se desarrolla mejor cuando los padres critican a los compañeros? ¡No! Todo lo contrario. Aspectos como lo mental, los socioafectivo, o lo expresivo-creativo requieren de un ambiente de confianza, de respeto y de seguridad que solo la buena educación puede ofrecer.
Un niño que juegue mucho fútbol, sea en el parque, en la calle o en cualquier otro sitio, probablemente aprenda a jugar a la pelota, pero sin una buena educación familiar, equivocará los valores y se manejará de forma incorrecta ante situaciones de conflicto que son de lo más recurrente en el fútbol. ¿Quien no conoce, un joven destacado, al que sus padres instaron a abandonar un partido por no estar de acuerdo con su entrenador? o ¿quien no ha visto esos jugadores que cuando las cosas van mal tienden a faltar el respeto a sus compañeros en una actitud «chiflada», «arrogante» o «prepotente»?. Sí señor, la falta de educación de los padres, penaliza casi tanto como no ser rápido o fuerte. De hecho hay más jugadores lentos que hijos de padres «enfermos».
La educación familiar ayuda en muchos aspectos que no siempre son visibles. Una familia que juegue bien su rol es fundamental, se trate de un talento o no, pero no me cabe duda que para que un chavo desarrolle todas sus aptitudes deportivas su familia tuvo antes que inculcarle buena actitud. No concibo a ninguno de los grandes deportistas, sin unos valores fuertes inculcados desde el hogar, aunque existan siempre excepciones que el cine a menudo, se encarga de exagerar con fines dramáticos y que pudieran hacer pensar a las familias, todo lo contrario, que la excepción es la regla. Al margen de esas excepciones y haciendo caso a la información que he ido recopilando a lo largo de todos estos años, nuestras mejores generaciones en la escuela, han correspondido a aquellas cuyas familias han conformado una verdadera tribu positiva que no solo nos ha apoyado en la labor formativa sino que además han sido proactivos en cuanto a inculcar buenos valores a sus hijos. En otras palabras, nuestras mejores generaciones de deportistas coinciden con las generaciones con familias más educadas.
Así pues, como les decía al comienzo de este artículo, no tengo ni idea de como señalar el talento a temprana edad, pero sí por donde buscarlo. Y quien sabe si con el talento ocurra igual que con el trébol de cuatro hojas en aquel magnífico cuento de Alex Rovira Celma («La buena suerte»), donde para encontrarlo había que generar las circunstancias en las que crecían. Tal vez, con el talento, solo haya que generar las circunstancias que lo propician y entre otras, estén estas tres premisas que les he mencionado.
¡Prueben!
JUAN ANTONIO GALLARDO BUENO





