
Desde que se presentara el libro tuve muchas ganas de adquirirlo pero no fue hasta marzo que a través de la librería deportiva Esteban Sanz, en Madrid (España), pude conseguirlo. En tiempos de amazon, que el libro me llegara desde una librería con quien pude hacer el pedido a través de una llamada telefónica y que llegó envuelto en un paquete sin logotipos ni branding de nada, me pareció sintomático del valor artesanal que este libro en sí mismo posee. Con su autor, Ruben Rossi tengo una relación de amistad, de admiración y por su puesto de afinidades, por lo que esta recomendación responde a cualquiera de esas tres razones y no porque nadie me haya pedido o pagado por hacerlo.
Si algo caracteriza al profesor Ruben Rossi es la honradez de decir lo que piensa. Lo puede hacer durante un zoom de una hora donde se abre y se explica con ejemplos generosos, sin medirse ni en el tiempo ni en sus opiniones. Así pues que lo primero que diré del libro es que es muy honrado, muy honesto. Transpira verdad, no porque lo sean en su sentido más absoluto, sino porque se escribe desde ese prisma de dar un mensaje en el que se cree, independientemente de si se es políticamente correcto o no. Por supuesto, es la verdad del autor que cuenta con una dilatada experiencia en el fútbol de formación de su país y por supuesto, que puede presumir además de haber jugado en aquella selección juvenil argentina campeona del mundo en 1979 junto con un tal Diego Armando Maradona.
Aunque a muchas de sus afirmaciones yo le pondría más de un matiz o de un “pero”, creo que el mensaje del libro trasciende a esos pequeños desencuentros con los que no estamos del todo de acuerdo. El juego es el único y exclusivo maestro, es una de esas frases que te dejan pensando y te tambalean. Su postura, que puede parecer radical, no es más que la defensa a ultranza del juego, como medios para aprender a jugar a la pelota primero y al fútbol después. Y todo el libro gira en torno a esa idea, ese mensaje que aunque se va repitiendo a lo largo de todo el libro, nunca cae en la reiteración sin más. Más bien, el autor repasa infinidad de ejemplos, de argumentos que dan peso a la idea principal. Rossi, defiende el potrero argentino, como quien defiende una bandera o cualquier otro símbolo patrio.
A su paso por una larga argumentación, va tocando temas como el resultadismo en el que se ha caído en el fútbol formativo o la importancia que se le dan a las mediciones y los test físicos. Si la idea principal de este texto es que se aprende jugando, el relato del mismo va más allá de una simple apología sino que profundiza en temas que atañen al fútbol base de todo el planeta, lo que convierten al libro en una obra filosófica con matices de metodología, de ética, de táctica que superan las fronteras argentinas.
He ahí que tal vez, un lector no argentino como lo soy yo, tenga algunos reparos en ciertos ejemplos y en determinadas afirmaciones. Me resulta paradójico que un libro que sale de Argentina para el mundo, caiga en ocasiones en un rechazo a lo foráneo o al menos, de una visión negativa de la influencia europea en el fútbol argentino, haciendo referencia al mito de la malinche de una forma que pareciera rechazar las influencias externas. El autor usa como aval del potrero, que tres de las cinco coronas individuales e indiscutidas del fútbol mundial sean argentinos (Di Stefano, Maradona y Messi), y a mí me parece que ese ataque de nacionalismo es totalmente innecesario porque es entrar en un debate más que discutible. Nadie niega el peso del fútbol argentino en el mundo y si acaso lo hicieren los propios argentinos o parte de ellos, no es en las influencias externas donde focalizar la culpa sino en un cambio más interno de aceptación de lo propio. Pero con todo y eso, reitero, el mensaje de fondo supera con creces y compensa, cualquier desacuerdo en la superficialidad de la presentación.
En el prólogo, César Luis Menotti acaba catalogando este libro como “necesario” y no puedo estar más de acuerdo. Es absolutamente necesario por el tema que aborda, por todo lo que cuestiona y supone de crítica al estatus quo y por que de una manera más acertada o menos, reivindica el papel del juego libre en la formación futbolística. ¿Cómo podemos enseñar a regatear enfrentando al niño a un cono? Sus reflexiones nos llevan a indagar en una metodología que otorgue al engaño mucha más importancia que al gesto motor descontextualizado. Su reivindicación es a favor de la creatividad del jugador que se desarrollará sólo en contextos de juegos con elementos específicos y afines al propio deporte que ha de aprender.
Así pues, mi recomendación respecto a este libro es total. Cualquier entrenador, formador, ayudador, o persona que se acerque a una cancha con la intención de participar en el acto de aprendizaje de unos niños, debería leer con detenimiento este libro y por supuesto, debería buscar a Rubén Rossi en las distintas plataformas donde se han colgado entrevistas, y charlas varias. Merece muchísimo la pena conocer a un profesor que transpira verdad, honestidad y por supuesto, humildad.
JUAN A. GALLARDO BUENO.





