CUANTO MÁS TIEMPO JUEGAS…

Si el fútbol de la calle o en el parque ha ido desapareciendo, ¿cuanto tiempo juegan ahora nuestros alumnos?

En el concepto de talento, ¿qué importancia tienen las horas de práctica de una actividad?

Desde hace tiempo que la cuestión del talento para el deporte viene siendo discutida. En el trasfondo del análisis, qué tanto influyen las condiciones genéticas y cuánto el ambiente, en la aparición de esas personas cuya destreza para el juego, las destaca sobre las demás. Haber resuelto por tanto tiempo dicha cuestión hacia una mayor relación con lo innato, nos ha impedido prestar más atención hacia los factores que sí podíamos controlar, y en esas capacidades que sí podíamos mejorar. Ahora, que los descubrimientos sobre la plasticidad del cerebro humano nos han hecho virar hacia un entendimiento del talento mucho más ambiental, las viejas preguntas que dábamos por resueltas, requieren repensarse.

Si aun quedasen dudas de la importancia de las condiciones ambientales en la formación del talento, y aun mantuviésemos esos prejuicios que otorgan enorme importancia al «don» divino que aleatoriamente recae en unos sujetos, fijémonos en el fenómeno recurrente que refiere una tendencia favorable hacia los niños nacidos durante los tres primeros meses del año. ¿porqué alcanzan el profesionalismo un porcentaje tan alto de niños nacidos en esos primeros meses del año? Es un aspecto que ya ha sido estudiado y que indudablemente nos conduce a buscar razones que no habíamos contemplado hasta ahora, que habíamos pasado por alto. Hipótesis no formuladas para su estudio pero que ahora, con una visión más abierta del talento empiezan a surgir en nuestros estudios sobre la formación y desarrollo de las capacidades futbolísticas del ser humano.
La visión del ser humano como una semilla que requiere del ambiente para desarrollarse es tal vez bastante propicia, pero tendríamos que pensar que casi todos nacemos con la suficiente capacidad por desarrollar para llegar a alcanzar la destreza y el nivel necesario para ser futbolista. Las razones por las que unos sujetos llegan más lejos no está tan condicionada por la genética sino por esos factores del ambiente que aun no hemos conocido tan en profundidad. Tal vez, de todas esas variables que influyen, haya algunas más importantes que otras, y hoy querría señalar como es el tiempo de práctica. Éste, se presenta como un factor determinante en el desarrollo de las capacidades del jugador.
Cada quien nace rodeado de unas circunstancias ambientales diferentes que son más afines con las de otras personas en función de la cultura de un lugar, de los hábitos o los prejuicios existentes en nuestro entorno. Pero las mínimas variaciones que puedan existir en el entorno de los miembros de una misma comunidad ya suponen una condición suficiente para justificar un mayor grado de desarrollo de nuestras capacidades. No estamos, por supuesto, negando la importancia de factores hereditarios pero sí, poniendo en valor, la relevancia del ambiente para su debido desarrollo.
Un factor común de los jugadores que alcanzaron determinado nivel, es el de haber sido estimulados a nivel motriz con muchísimas horas de juego motor. Quienes crecimos en un tiempo donde podíamos jugar toda la tarde en la calle con nuestros amigos, no sólo a fútbol, sino a juegos de persecuciones, de saltos y equilibrio, de lanzamientos, puntería, etc., fuimos dotados de unos recursos motores que difícilmente alcanzarán los niños que fueron privados de tales horas de juego.
A nivel futbolístico, las horas de práctica libre que se han venido realizando en la calle, en el potrero, en diversas comunidades han propiciado el desarrollo del talento de los niños en esos lugares. El gozo de jugar ha sido un estímulo suficiente para que todos los niños se empeñaran en repetir dicha práctica, y esto conlleva inevitablemente una mejora. Sucede con la práctica deportiva y en cualquier otra habilidad. Piensen a las personas que juegan «videojuegos». A más horas de práctica, más habilidad para jugar, más nivel.
Uno de los problemas actuales de la formación de futbolistas para la élite, es la reducción drástica del ecosistema calle. El juego libre es menos frecuente a nivel de juegos populares y tradicionales que se podían observar en nuestros parques y calles. La formación motriz y deportiva ha ido trasladándose desde la informalidad hacia espacios más formales como son las escuelas de fútbol, las academias y la participación en competiciones también más organizadas y formales. En España, la formación hace tiempo que se rige por unas federaciones territoriales que imponen con más acierto o menos, una estructura por categorías, promovido desde clubes y con entrenadores que han de acreditarse, certificarse, antes de estar al frente. En otros países, el fútbol amateur también se ha formalizado más, aunque con bastante menos influencia de sus entidades federativas. ¿se ha reducido el tiempo de práctica de los niños que se inician en este deporte?
Por lo pronto, lo que se ha limitado es el tiempo de practica informal y que no podremos calcular. Pero respecto al tiempo de práctica en esos espacios alternativos que son las escuelas de fútbol y ligas, podemos estudiar más en profundidad la variable «tiempo de práctica». Desde cuanto tiempo dedicamos a jugar cuando entrenamos, hasta promediar cuanto tiempo jugamos en las diferentes competiciones. ¿tiene sentido que una federación como la española, limite las posibilidades de participación de un niño federado a un sólo partido por semana? ¿serán conscientes del reducido tiempo de juego al que están condenando a los niños ahora que la práctica informal ha mermado?
En los países latino americanos, no sólo es posible participar en varios partidos por semana de forma organizada, sino que también los niños tienen facilidad para jugar en varios equipos (de barrio o de clubes). Dada una mayor informalidad e influencia de las federaciones amateurs, la cantidad de horas que un niño puede competir es bastante mayor en las primeras etapas y esto supone una enorme ventaja a nivel de desarrollo de talentos. No es que brasileños y argentinos estén especialmente dotados de una genética que favorezca el surgimiento de gran cantidad de talento. En ambos países, la cantidad de horas que un niño puede jugar es mucho mayor y por tanto se convierten en un ecosistema muy propicio que no se tiene en otros lugares. En México, se tiene la idea de que el talento se encuentra en el barrio pero esto no es del todo cierto y la incidencia de la accesibilidad de las nuevas tecnologías y otros hábitos de ocio también en las zonas más humildes ha ido reduciendo drásticamente las horas de juego. Inmediatamente el talento de esas zonas ¿se ha ido reduciendo también?.
En una escuela de más de 1200 alumnos que recibe cada año a más de una centena de niños de tres años, podemos aislar algunas variables de la ecuación. Podemos analizar porqué los niños que acuden a la escuela suelen destacar sobre sus compañeros en los equipos del colegio. Proponer el juego como medio de enseñanza y desarrollo motor nos permitió aumentar las horas de prácticas de nuestro alumnado respecto a aquellos otros niños que entrenaban del modo tradicional. Esto incluso cuando en nuestra escuela sólo entrenamos dos días a la semana y por ejemplo en algunos colegios, hasta cuatro. Eliminar las filas, las tareas analíticas, etc., nos permitió un mayor aprovechamiento del tiempo que indudablemente tiene consecuencias.
Pero no quiero quedarme sólo en la cuestión de comparar los niños de la escuela respecto a sus compañeros en el equipo del colegio. Podemos incluso comparar los perfiles de nuestros propios alumnos entre sí, y analizar porqué unos niños destacarán más y formarán parte del equipo selectivo años más tarde y otros no. A lo largo de los últimos diez años, hemos ido realizando a determinada edad, una selección de nuestros propios alumnos en diferentes grupos de nivel. La escuela puede configurar hasta dos o tres equipos «selectivos», con los que llevamos a cabo una programación ligeramente diferente de quienes se incorporan más tarde a la escuela. ¿qué características tienen en común los niños que seleccionamos y que no tienen aquellos que dejamos fuera? ¿porqué unos niños que seleccionamos para un grupo A ó B llegan a mejorar hasta superar a otros compañeros que fueron mejor catalogados a cierta edad?
Nuestras inquietudes por mejorar nuestros propios procesos nos ha llevado a analizar variables que a priori pocos hubieran podido relacionar con un factor de talento pero que en nuestro caso hemos querido capturar en nuestras hojas de cálculo para posteriormente poder sacar conclusiones. Tenemos así cierto control no sólo de los meses de nacimiento de dichos niños, sino del colegio, de la zona en la que viven, la presencia de hermanos mayores, menores, practicantes o no, el nivel de práctica deportiva de sus padres, la afición por el deporte de los mismos, etc. No expondré aquí, algunas deducciones pero hay variables muy recurrentes entre nuestros alumnos más destacados que han llegado a ser seleccionados para jugar en fuerzas básicas después de los quince años. Todas esas condiciones tienen una consecuencia común: los niños juegan más horas que los demás.
La motivación del niño, las expectativas apropiadas de las familias, el ambiente lúdico de la práctica deportiva, la disciplina a la hora de ir a entrenar y no faltar a ningún juego o partido, jugar sin presión de las familias, ausencia de otros estímulos sociales que a determinadas edades compiten con el deporte, dar más importancia al entreno en la escuela que a la participación en el colegio, etc., son algunos de esos factores clave. Si a un niño le encanta el fútbol, lo jugará mucho. Practicará en casa, en el colegio, con sus amigos, con sus primos, etc. Esto multiplica las horas de juego y acaba siendo un factor fundamental en la mejora del niño. Por supuesto, un niño que juegue mucho, al ir mejorando, disfrutará de mas minutos en la cancha respecto a quienes practican menos.
Unas familias con expectativas adecuadas, que no generen presión sobre el niño supondrán un factor clave para que el niño vea de forma agradable ir a entrenar y jugar. Cuando se invierte este criterio y las familias presionan al niño para jugar mejor, y o se enfocan en los resultados del equipo, el niño encuentra menos placer en explorar, en jugar y acaba reduciendo el número de horas de práctica, además de otras consecuencias también negativas.
Si jugar mucho te hace mejor, más hábil. Cuidar aquellos aspectos que nos motivan al juego: el placer, la diversión y el sentimiento de competencia -confianza- del sujeto que aprende, deberían estar entre los principios organizativos de todas las escuelas.
En la selección de los grupos, el nivel del alumno es un criterio de selección pero la proyección que tengamos de sus minutos de juego en un equipo particular también debe estar presentes. Promocionar un niño desde un equipo a otro de nivel superior no siempre es un premio (que es como se lo toman las familias); ni aconsejarle jugar en un equipo de menos nivel, un castigo o indicio negativo. Las escuelas tenemos que procurar una gestión del tiempo de juego que propicie un crecimiento del nivel de nuestro alumnado, y a menudo es más importante jugar más que el nivel de los compañeros-adversarios. Esto forma parte del ideario popular en ciertas regiones y por ello, muchos padres han procurado y buscado que sus hijos sean promocionado. Ellos ignoran los datos reales y actúan desde prejuicios que son difíciles de cambiar sin información pero que conllevan consecuencias nefastas en el desarrollo del talento y capacidades de sus propios hijos.
Sé por experiencia que muchos niños han pasado de jugar en un equipo selectivo, a otro de «nivel» inferior, por decirlo así, y la consecuencia no ha podido ser más positiva. El crecimiento de dicho chico respecto al nivel de juego de sus compañeros ha sido a menudo tan notorio que el propio entrenador del selectivo ha querido contar con él en el grupo. En todos estos casos, la comprensión de la familia ha sido clave y la confianza en la medida, fundamental para encontrar un ambiente idóneo para el aprendizaje del niño.
En esta entrada del blog he querido hacer hincapié en el factor tiempo de práctica a la hora de desarrollar el talento. Somos de la idea que jugar mucho, práctica mucho una actividad te hace mejor. Sin embargo, me gustaría advertir al lector, en no caer en simplicidades que lleven a muchos padres a «obligar» a jugar al niño queriendo hacer de ellos un talento. Cuando hablamos e juego, partimos de la base de hacerlo de forma LIBRE y no inducida. Querer que nuestro hijo practique mucho deporte es parte de esa presión por parte de algunas familias que les he mencionado antes y que acaba generando lo contrario que se procura.
El desarrollo de las capacidades y talentos de un niño seguirá requiriendo mucho estudio y análisis por parte de quienes nos dedicamos al fútbol base, pero parece que fomentar una práctica divertida, sin presiones, y hacer que el niño desde su iniciación ame jugar no está lejos de ser el caldo que mejor nutre al talento. Entrenar más y mejor, competir más y mejor requieren de la sensibilidad de toda la tribu, maestros, familias, escuelas y competiciones. Tengamos en cuenta pues, ese factor y promovamos más tiempo de juego, de horas deportivas para nuestros niños.
Cuanto más JUEGUEN, mejor.
JUAN A. GALLARDO BUENO

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