NIVELES DE COMPETICIÓN Y APRENDIZAJE.

Sin desafío no hay aprendizaje, cierto. Pero no siempre el reto se encuentra en competir en igualdad o inferioridad. Por suerte, dado que en ocasiones, nos es imposible controlar el nivel del equipo al que nos enfrentamos, los entrenadores tenemos otras herramientas para igualar las fuerzas en la contienda, y provocar nuestro equipo salga al campo con una misión que les motive más allá de superar al adversario.

Es bastante frecuente, cuando participamos en una liga formal, organizada, donde los participantes tienen un nivel heterogéneo, que veamos enfrentamientos totalmente disparejos. Esos partidos, discurren la mayoría de las veces en un carrusel de goles en favor del grupo de más nivel, y en un suplicio inaguantable para quienes en ese momento están claramente en inferioridad. Hay medidas organizativas por parte de las ligas, que podrían contribuir a evitar tales duelos pero no es nuestro cometido en esta nota, abordar su discusión. Nos centraremos en lo que cada profesor puede hacer, desde el momento que es consciente del balance de fuerzas tan desequilibrado, a su favor.

Y queremos abordar este tema, tratando de sensibilizar especialmente a las familias con hijos en una escuela de fútbol. Porque en muchas ocasiones, la razón por la que el profesor no hace uso de esas herramientas a su disposición, es la de sentirse presionado por parte de las familias que con frecuencia analizan o evalúan el desempeño del maestro, no por los aprendizajes que pueda provocar, sino por la clasificación y marcadores en la competición.

La exigencia es primordial para que un alumno alcance el máximo de su potencial en el deporte. Sin grandes esfuerzos, sin el debido compromiso en resolver cualquier tarea y sin que se le demandemos una completa atención en lo que hace, es probable que no consigamos optimizar su capacidad para gestionar los propios recursos. Cuando un equipo de nivel o experiencia superior se enfrenta a otro, con menos experiencia, o menos capacidad, conseguir goles ya no es un reto que cumpla con esas premisas anteriores y por tanto, no les servirá para mejorar. Puede hacerlo, incluso recreándose en las acciones. Logrará goles, con tal facilidad que pueda prescindir de poner todo su empeño en ello. En esos momentos, el partido no le está sirviendo para aprender.

Como hemos dicho, no queremos entrar en las acciones que los organizadores de una competición, pueden implementar para evitar que dicho equipo no se vea agraviado por no empeñarse en marcar el máximo número de goles posibles. Y por ello, creemos que debe partirse de la sensibilidad del profesor y de las familias en renunciar, en tales casos, a competir por el marcador más abultado. Este «sacrificio» en pos del aprendizaje, les recompensará a medio y largo plazo, mucho más que cualquier premio o campeonato (individual o colectivo).

Entonces, imaginemos que somos el profesor del equipo de un nivel superior y el fin de semana tenemos que competir en liga contra un equipo muy inferior a nosotros. Digamos, que vamos en cabeza de la clasificación, aunque empatados a puntos con otros equipos y solo los goles a favor de unos y otros, desempata a los tres primeros lugares. ¿Saben las familias de nuestros jugadores, que nuestra prioridad es APRENDER respecto a GANAR? Si no es así, es importante que lo comuniquemos porque tal vez con una breve explicación, todos se comprometan con esta visión y evitemos confusiones y conflictos. Siempre habrá alguna familia, que con un afán resultadista, se oponga, pero incluso para esos casos, es mejor que tal comunicación exista. Ni que decir tiene, que dichas premisas deben provenir desde el propio club y que por tanto, esas decisiones tienen un respaldo institucional.

¿Cuando sabemos que nuestro equipo es superior? Puede que lo sepamos desde antes de comenzar el juego. Bien por su clasificación o bien porque ya conocíamos a dicho equipo y tenemos ya una idea de su nivel, saberlo con anticipación puede que incluso nos permita modificar la convocatoria, dejando descansar a los jugadores que más tiempo solemos emplear. Así, esos jugadores que cuentan con menos minutos, pueden adoptar un rol más protagónico en estos partidos. Puede que no lo sepamos hasta comenzar el juego, cuando en pocos minutos ya hemos anotado, varios goles. En cuanto nos demos cuenta de la diferencia de nivel, debemos comenzar a gestionar al grupo para devolverles a nuestros propios alumnos, el desafío, el reto.

Estas medidas que el profesor puede tomar con su equipo, deben ser discretas y no suponer un agravio o falta de respeto hacia los rivales. En ocasiones, he visto a los profesores gritar a todo el equipo, las tareas a realizar, dando a entender de forma demasiado obvia que el rival era muy débil. Es probable que ambos entrenadores sean conscientes de las diferencias pero el respeto por los adversarios, pasa por no herirlos y fomentar en nuestros alumnos una arrogancia indeseable. Por ello, esos cambios que realice, deben hacerse con absoluta discreción, reitero.

¿Qué podemos hacer para balancear las fuerzas?

A continuación les enumero algunas de las acciones que podríamos hacer pero no se trata de ceñirnos a unas u otras, sino de que cada profesor y en función de su percepción en el momento, consiga llevar a cabo un mix de todas ellas, cumpliendo lo dicho en el párrafo anterior. Por ejemplo, puede iniciar jugando con los menos habituales o cambiar de posición a los que tiene en cancha. Si el balance siguiera muy disparejo, podría tratar de solicitar la práctica de contenidos más complejos para la etapa en la que se trate. Por ejemplo, retar a los jugadores a realizar una pared previa para que se pueda marcar el gol, en niños de 7 u 8 años, podría suponer un desafío tan grande que impidiese una hipotética goleada, pues es un contenido bastante difícil para su edad.

Aumentar el número de pases en ciertas edades puede ser suficiente pero ello puede provocar que acabemos desordenando tanto al otro equipo, que los goles se sucedan con más facilidad. Depende de la edad con la que trabajemos, que sea una medida óptima o insuficiente. Las herramientas de las que disponemos para seguir aprendiendo pese a un rival muy inferior son muchas. Suficientes si tenemos la sensibilidad para tomarlas y muy clara la visión de priorizar el desafío, provocar la exigencia. Se trata en definitiva en poner a nuestros jugadores, a hacer lo que aun no saben. Con esas medidas, no solo impedimos que un grupo de niños pasen un mal rato, recibiendo una goleada y con ello, los desmotivemos a seguir aprendiendo; sino que también reconducimos la situación hacia el aprendizaje y la motivación de nuestros jugadores, hacia la superación de sus propios límites y no tanto hacia ganar al adversario.

La siguiente lista, obviamente solo responde a enumerar las acciones que hemos indicado anteriormente pero es probable que cada profesor, realice alguna otra que sirva igualmente para el mismo cometido. Pueden comentarnos sus experiencias, igualmente.

  1. Solicitar que para marcar goles, realicen tareas más complejas.
  2. Marcar goles solo tras un número de pases.
  3. Marcar goles solo si se realiza una pared previa.
  4. Marcar goles de una forma específica. (Centro y remate de primera intención).
  5. Hacer jugar a nuestros jugadores en posiciones poco habituales.
  6. Alinear mayor tiempo a los jugadores que normalmente juegan menos.
  7. Jugar a un sólo toque todo el equipo, menos el portero.

Entender la prioridad de la etapa en la que nos encontremos es vital. Cuando decimos que APRENDER > GANAR, estamos haciendo una declaración de principios que se manifiesta en este tipo de situaciones límites. Cuando lo tenemos claro, las situaciones como la que hemos descrito, tienen una solución inmediata, sin perdida de tiempo. Nuestras familias tienen que ser conscientes de ello. Es la misma filosofía que nos lleva a igualar el número de jugadores cuando por circunstancias, el rival no se completa desde un inicio, o la que nos decanta para escoger una liga u otra para cada equipo en particular.

Espero con esta nota, haber aclarado el verdadero valor de la competición, para quienes nos encanta el desafío que esta supone para provocar a nuestros alumnos. Competitividad y resultado no siempre van ligados. Obtener mayor rendimiento, supone hacer más cosas para ganar, y no menos.

Les agradezco su lectura y como siempre, mucho más nos compartan sus observaciones y comentarios.

JUAN A. GALLARDO BUENO

REGISTRO EN LA

WEB