ESCUELAS DE FÚTBOL. CONCEPTO.

ESCUELAS DE FUTBOL

¿Todo lugar donde se enseñe a jugar es una escuela de Fútbol? ¿Qué es realmente una escuela de fútbol?

En el libro DESMARCA TU ESCUELA, JUGANDO, dedicamos un capítulo completo a explicar qué entendemos por escuela. No se trata aquí de reproducir aquel texto pero sí queremos hacer énfasis en algunas premisas que consideramos fundamentales para entender la gestión de las escuelas de fútbol. La organización de una escuela no puede obviar sus particularidades respecto a otro tipo de empresas de servicios. Así, que todos sepamos conceptualizar un término tan trillado en el ámbito coloquial, nos parece el primer paso para poder ubicarnos más adelante en las siguientes fases de su puesta en funcionamiento.

A menudo he venido denunciando que no todas las «escuelas» que conocemos, lo son en realidad. Al menos, no desde el punto de vista conceptual, porque muchas de las entidades que nombramos como tal, ni están estructuradas, ni están organizadas ni están debidamente institucionalizadas. Estas tres premisas son básicas y descartan a muchos grupos o equipos que dirigidos por una sola persona, con más o menos preparación, realizan labores de enseñanza sin ese respaldo ni estructural, ni organizativo ni institucional.

Pareciera una discusión infructuosa pero francamente es imprescindible entender bien esta conceptualización y definición de qué es una escuela y qué no lo es, para poder además, crear comunidades de las mismas y luchar por sus derechos corporativos. Durante las restricciones más estrictas de la pandemia, en México se prohibió la actividad deportiva de las escuelas. Sin embargo, de manera informal continuo habiendo entrenamientos en parques y comunidades de vecinos cerradas. Muchos entrenadores consiguieron mantenerse activos con el alumnado que no podía entrenar en sus escuelas de fútbol habitual. He aquí una situación de agravio hacia lo formal, lo institucional. ¿y quien iba a encargarse de defender sus derechos e intereses? Más allá de lo corporativo, entender el concepto de escuela se constituye en una guía para todos los proyectos de escuelas y es por ello que insistiremos en aclararlo.

Como ocurre con otros fenómenos con gran variedad de manifestaciones, la disparidad de tipos de escuelas dificulta a veces su conceptualización y agrupación bajo unas premisas comunes. Por ello, entendiendo que hay factores que implican esa gran variabilidad, como la propia adaptación a los distintos contextos, federaciones, hábitos, están también la adaptación al público al que van dirigidos o los medios económicos y sociales de los que disponen. Pero para nosotros, una factor clave de diferenciación del tipo de escuelas es el de la finalidad de la misma. Siendo que el punto de partida común de todas ellas son la institucionalidad, la estructura especializada y la organización en función de un proceso de enseñanza-aprendizaje, su finalidad nos permite clasificarlas de la siguiente manera:

Extraído de DESMARCA TU ESCUELA, JUGANDO. Gallardo, 2020.

Como he declarado en otras ocasiones, la finalidad formativa no es una más entre las señaladas porque en la propia conceptualización de escuela, está incluida. De manera que si una institución no se organiza para llevar a cabo un mejor proceso de enseñanza, sea para cobrar por ese servicio, para competir o por cualquiera de las otras finalidades, no estaríamos hablando de una escuela de fútbol. Considero que no pueden existir escuelas de fútbol «formativas» porque automáticamente abriría la posibilidad de escuelas que no lo fueran y esto no es congruente. El calificativo formativo ha sido con frecuencia, mal empleado como antagónico a «competitivo», dandole pues un significado que la palabra no tiene. De hecho, por desgracia, cuando alguien es calificado de «formativo» se le está atribuyendo una falta de afán competitivo, y asignándole valores «recreativos» que por supuesto, de poseerlos, no deberían nombrarse así.

El diccionario de la lengua española, recoge una acepción de «escuela» que considero interesante traer a colación. Es esa que dice que una escuela es «un conjunto de profesores y alumnos de una misma enseñanza». Me gusta cuando coloquialmente decimos de un jugador o grupo, que traen buena «escuela». ¿Porqué? Porque reconoce la identidad de un grupo forjada en lo que se enseña. Unos valores comunes a toda una institución que se transmiten a toda la comunidad, sin distinción de grupos de la propia escuela. Es frecuente la existencia de «clubes» con uno o dos equipos en cada categoría, donde es difícil reconocer afinidades entre esos distintos equipos, más allá de compartir colores y escudo. Cada entrenador de cada uno de esos equipos del club, tiene una forma diferente de llevar a cabo la enseñanza, imprime un sello demasiado personal y nada institucional en sus alumnos. En esos casos, es difícil reconocer «escuela», en el sentido del que les hablé.

He ahí la importancia suprema de la metodología, como medio unificador de la escuela y que aporta un gran valor de cohesión. Cuando una escuela da importancia a la metodología, y hay unos valores comunes que se intentan transmitir, sea en el juego o fuera de él, por lo general, esa entidad es fácilmente reconocible. Me encanta, de hecho, que algunas familias me recomienden a un «amiguito» haciendo observaciones del tipo «sus papás son bien comprometidos, son perfil ANGELES», o «es un niño que encaja perfectamente en «ANGELES», porque de alguna manera, se reconoce la fuerte entidad de la escuela y sus valores más distintivos.

Así pues hay escuelas que no son escuelas y escuelas que aun siéndolo, no traen escuela. Disculpen la expresión anterior pero de alguna manera señala tanto la dificultad de entender el concepto como la importancia del mismo. Apela a la necesidad de constituir escuelas que vayan más allá de la apariencia. Escuelas cuyos valores e ideas sean reconocibles en cualquier juego, en cualquier torneo en el que participen con cualquiera de sus equipos. Esto requiere por supuesto, una estructura con distintas áreas de trabajo que optimicen el funcionamiento. Conlleva organizarse por y para el proceso de enseñanza que se lleva a cabo. Formar a los entrenadores y establecer premisas claras entre todos ellos. Hasta ahora, son escasos los ejemplos que trascienden como escuela, más allá de los casos de las canteras y clubes por mostrarse como reconocibles.

Los contenidos de enseñanza son un factor integrador de las escuelas de fútbol.

Para todos los que ocupan un papel directivo en una escuela de fútbol, es fundamental reconocerse como escuela, identificando qué valores o visión compartida tienen en común o tendrán en un futuro, todos los equipos. A partir de ese ideario construir una escuela con escuela.

A modo de conclusión, recordamos pues que «las escuelas de fútbol, y según el concepto de las mismas, han de estructurarse y organizarse en función del proceso de enseñanza-aprendizaje, cuyos objetivos, contenidos y metodología de enseñanza estará basado en la interrelación de las características de los aprendices, con la naturaleza propia del fútbol» (Gallardo, 2012). Dichos objetivos, contenidos y metodología de enseñanza se constituirán como las señas de identidad a partir de las cuales reconoceremos la escuela de una escuela.

JUAN ANTONIO GALLARDO BUENO.

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