EVITAR EL ABANDONO JUVENIL.

Los datos estadísticos revelan un abandono masivo de la práctica deportiva durante la etapa conocida como adolescencia. Y esta circunstancia no interesa nada a las familias puesto que conlleva asumir un mayor riesgo de padecer más adelante algunos problemas juveniles.

Entre los catorce y los quince años, se encuentra una de las etapas más difíciles para la continuidad en el deporte.

La misma familia que con entusiasmo lleva a su hijo con tres años a una escuela de fútbol, responderá con indiferencia cuando a los quince observe que empieza a faltar a entrenar y que poco a poco lo va dejando. Es un problema recurrente en todo el mundo que en algunos países como México tiene una mayor repercusión. Si bien, la tendencia de llevar a los hijos a una escuela de fútbol es que cada vez sea a más temprana edad, el abandono de jóvenes a partir de los trece años es aun mayor. Y es paradójico que las familias no valoren el gran apoyo que pueden recibir del deporte para prevenir determinados problemas sociales y de salud.

¿Qué está propiciando este abandono masivo del deporte en edad juvenil en México?

Una de las causas que más relevancia pudiera estar teniendo, es la de una motivación inadecuada cuando se empezaba. Aun hay muchas familias que sólo entienden el deporte desde la perspectiva del talento y sólo se sienten atraídas a llevar al hijo a practicarlo cuando perciben que pudiera tener ciertas condiciones naturales para trascender en él o aún está a tiempo de desarrollarlas. Este hecho se ve reflejado además, en el propio interés que los padres y madres muestran hacia las competiciones deportivas de sus hijos. Desde muy temprana edad, incentivarán el rendimiento de múltiples y sutiles maneras.

En los diferentes torneos que se organizan por el país, las categorías con más equipos son las que van de niños entre seis y los ocho años. A partir de los nueve años, las distintas categoría van viendo reducirse el número de participantes y en raras ocasiones podremos encontrar categorías de mayores de dieciséis años. Dado que las familias tienen que asumir unos costes bastante significativos, el numero de equipos que logra completar un grupo para asistir a una competencia ya en esas edades, es cada vez menor.

Todo lo contrario de las categorías menores donde a las familias pareciera no importarles el coste de esos viajes y son asiduos a tales competencias con una frecuencia de mínimo, una vez o dos al año. En más de una ocasión he escuchado a un familiar alegar que “a un torneo él no va a pasearse”, aludiendo a que este tipo de eventos se realizan en ciudades costeras con cierto nivel de reclamo turístico. Ese tipo de respuestas, nos dan una pista bastante relevante de cuales eran sus motivaciones cuando decidían ir a la competencia.

La relación entre la motivación de las familias para interesarse por el deporte de sus hijos y el rendimiento, es bastante tóxica. No sólo supone vivenciar el proceso de iniciación deportiva desde una óptica que generara continuos conflictos con entrenadores, compañeros, y con el propio hijo al que se le cargará con una presión innecesaria. Conlleva además, que en el momento en que la competición eleva su nivel y ya no es tan accesible para todos, los chavos acaben abandonando por considerar que ya no tienen nada que hacer en un equipo de fútbol.

Efectivamente, para esas edades, después de incentivar al niño por sus goles y mostrarse felices tras cada victoria, ya no les quedan incentivos que les seduzcan a continuar entrenando duro y esforzándose en ir a los partidos. La grada, en edades tempranas, llenas de padres gritando y atentos al partido, ahora lucen vacías de interés por parte de las familias. Así pues, el joven, al que un día sus padres inscribieron en una escuela de fútbol con gran entusiasmo, no recibe ahora ni la mitad de esa dosis de pasión del entorno.

Hace unos meses, en una reunión con padres de niños de seis años a los que había notado bastante intensos durante un partido, dando indicaciones a sus hijos y gritando desde la grada un de las mamás, se justificó alegando tener gran pasión por ver a su hijo jugar. Yo le sugerí que guardara esa pasión y esas ganas con las que vive el fútbol de su hijo para cuando éste tuviera quince años porque era ahí cuando las iba a necesitar más. Pero para entonces, la estadística me lleva a pensar que no estarán ni la mitad de las familias que escucharon mi sugerencia.

Hoy México, y muchas más partes del mundo, tienen una adolescencia con problemas de sedentarismo como probablemente no tuvieran ninguna otra generación anterior. La edad a la que los jóvenes suelen empezar a consumir alcohol se ha visto anticipada entre uno y tres años, según algunos sondeos. El consumo de ciertas drogas se ha normalizado y los problemas de violencia doméstica de hijos a sus padres ha aumentado como consecuencia, entre otras cosas de la adicción a ciertos estupefacientes. Y todos estos datos van en aumento mientras numerosos estudios siguen reflejando que la población que practica deporte de forma asidua, tiene menos probabilidades de caer en cualquiera de los problemas anteriores.

En ningún caso quisiera caer en el reduccionismo simplista de asegurar que practicar deporte es la solución para que los datos estadísticos en relación con los hábitos y problemas mencionados no sigan aumentando. Entiendo perfectamente que como problema social, es bastante más complejo pero creo que sí es evidente que el deporte tiene una gran función como prevención de problemas sociales y que las familias tienen que estar conscientes de esto, no cuando sus hijos tienen quince, sino desde que llevan a sus hijos con tres años hacia la práctica deportiva.

“La realidad es que el abandono masivo que se produce a cierta edad pareciera ser una curva muy peligrosa mal señalada a la que llegamos con una velocidad inapropiada, a la que no hemos sabido adaptarnos”. Esto que les decía en mi libro COMO JUEGAN LAS FAMILIAS tiene que hacernos reflexionar sobre cómo motivamos a nuestros hijos en el deporte y como podemos hacer para llegar a esas edades con la velocidad adecuada.

Llegar con la velocidad adecuada conllevará motivar hacia la práctica deportiva sin más. Ser capaces de hacer ver a nuestros hijos y alumnos que lo importante es ir superándose cada día y que el objetivo de una competición infantil no es ganarla sino ponerse en un escenario muy emotivo a probar nuestras destrezas. Tenemos que evitar que en etapas infantiles, el marcador sea lo más relevante. Que jugar titular o no, no condicione la continuidad de un niño en un equipo, porque entonces cuando tenga quince, supondrá el abandono. Enseñemos a disfrutar la pertenencia a un equipo mucho más allá de esas cuestiones.

Como Director Deportivo de una escuela de fútbol, donde frecuentemente veo esta situación del abandono de chicos que he conocido jugando desde los cinco años, me invade un sentimiento terrible. Siento que luchamos contra corriente y que nuestra única vía para avanzar es la información a las familias para que estas, siendo más conscientes de los peligros venideros, no tomen ciertos caminos. Cada año, procuro verter información en este sentido pero cada año observo a las familias acelerar la velocidad demasiado pronto.

Sólo espero que recuerden, que más adelante, viene una curva que los sacará de la carretera si no han sido capaces de llegar con la motivación idónea.

JUAN A. GALLARDO BUENO

REGISTRO EN LA

WEB