Por más que insistamos en el tema, dada su reducida presencia en el fútbol infantil, explicar las virtudes del fútbol 3 como la modalidad más idónea para iniciar a los más pequeños en el aprendizaje de este deporte nunca nos parecerá demasiado. Es por ello que durante muchos años hemos venido divulgando sus porqués, sus cuando y también sus cómo. Sobretodo porque sé que muchos profesores en diferentes ciudades seguís estas publicaciones y os enfrentáis a las mismas resistencias de siempre cuando motivados por los conocimientos que tienen, proponen cambiar de formato a las familias. Es natural que el medio no termine de entender porque para aprende a jugar fútbol (que es un deporte que se juega en una cancha «grande» con once jugadores), tienen que empezar haciendolo con menos integrantes y en canchas de dimensiones adaptadas.

¡El número 3 es un número mágico! Cuando a lo largo de la historia se ha querido que algo se recuerde fácilmente, se ha recurrido al tres. Los tres cerditos, los tres reyes magos, los tres mosqueteros,… y así podríamos seguir puesto que ese número se lleva muy bien con nuestra forma de recordar las cosas. Además, el número tres permite las suficientes alternativas, sin que la elección se vea retardada por demasiado análisis. Así pues, con esta idea en nuestra mente, de las cualidades del 3, vamos a seguir profundizando cómo ese número aporta generosas ventajas a quienes se están iniciando en el juego.
Porque el fútbol 3 tiene esas mismas cualidades. Al principio proporciona el contexto ideal para la expresión libre de la individualidad. El niño de tres o cuatro años, cuando empieza a participar en esta modalidad, está aun en una fase egocéntrica del desarrollo de su personalidad. Por otro lado, el fútbol requiere desarrollar destrezas individuales que van más allá de lo técnico. Ser capaz de analizar una situación de juego en un instante determinado, y dar una respuesta eficiente a la misma, es uno de los primeros retos cognitivos que deberán superar los niños que se inician en este deporte. Algo me dice que la satisfacción de desbordar a un contrario y encontrarte con el espacio vacío de adversarios hasta la portería es una invitación sutil para que emerja el atrevimiento, la aventura. Esa misma acción en un partido con mayor número de componentes por equipo, sólo significaría tener que volver a enfrentarte a más contrarios que esperaban a que superases a tu defensor para «gandallamente» aprovechar tu desequilibrio y arrebatarte cualquier opción de continuidad.
Es por ello, que en este tipo de partidos, las aventuras individuales son frecuentes. La opción de que individualmente consigas encontrar espacios vacíos de oposición para conducir precipitadamente hacia alguna de las porterías, perseguido por todo el equipo contrario y hasta por tus propios compañeros es demasiado suculenta para que aparezcan espontáneamente conductas más cooperativas. Sin embargo, a medida que se optimizan los recursos futbolísticos de estos pequeños, el escenario que es el fútbol 3, se va configurando como ideal para dar esos primeros pases. Surgirán ocasionalmente, situaciones donde un compañero quedó rezagado del grupo tras no conseguir finalizar una anterior aventura y entonces la pelota llega suelta, a un niño que casualmente esperó a que la jugada acabase y se ha visto ahora como único defensor ante tres contrarios que corren amontonados por la pelota que se les escapó. Este niño recurre entonces a golpear el balón hacia adelante con la fortuna de que le cae a su compañero que aprovecha esa inesperada ventaja para meter un gol. Y he ahí, esos primeros pases casuales que el cerebro grabará en algún rincón del inconsciente para que paulatinamente vaya emergiendo ahora en forma de intuición deliberada. Esa recién aparición de la intención de pasar el balón al compañero requiere de cierta facilitación. De tener que escoger entre muchos compañeros, el análisis no acabaría nunca y el pase no se produciría a tiempo.
Pero elegir entre dos opciones es mucho más sencillo cuando además se tienen otros constreñimientos como por ejemplo la fuerza, la orientación, la lateralidad, o muchas otras cuestiones que nos será imposible analizar en toda su complejidad. Es por eso, que el fútbol 3 también va cambiando según sean las posibilidades de intervención de los participantes. Con seis años, un partido de fútbol 3 se vuelve más complejo, y más cooperativo. Tanto que la resolución de un 1×1 ya no es suficiente y demanda de otras posibilidades como la fijación del impar y pasar el balón a un compañero al otro lado de la cancha. Tres oponentes son más fáciles de ubicar y cuando se juega con dos porterías en las que anotar. Se favorece un análisis rápido sobre los espacios que tienen más densidad de oposición, dando la posibilidad que el niño se familiarice con varios principios del juego que estará muy presente el resto de su experiencia futbolística: el cambio de juego de un extremo a otro (búsqueda de zonas menos densificadas), o la observación de espacios libres y las posibilidades de progresión-penetración.

Obviamente el análisis de la situación de juego le corresponderá al propio alumno puesto que él debe ir creciendo con plena conciencia de sus posibilidades de intervención. A menudo, las indicaciones del profesor o de las propias familias, dificultarán el desarrollo de una intuición que es vital para el posterior avance en el deporte. Al decirle lo que tiene que hacerse, no solo callamos este instinto emergente sino que además, estamos obviando que el niño no tiene otras limitaciones que le hace optar por respuesta que a nosotros no nos parecen tan eficientes. Imaginen un niño que se sabe a sí mismo, lento en la conducción del balón. Acaba de desbordar a su par y tiene ante sí mucho espacio para progresar sin oposición. Desde la grada o la banca se le insta a progresar rápidamente pero su instinto le dice que acabaría siendo alcanzado y prefiere pisar el balón y otear el horizonte. En lo que lo hace, se le echan encima los contrarios y finalmente patea el balón hacia un lado donde no hay ni contrarios ni compañeros. ¿eligió mal? Probablemente si fuésemos capaces de ponernos en su lugar, no. Porque ponerse en su lugar es tomar conciencia de sus limitaciones motrices, cognitivas, etc. La forma de ayudarle es observar detenidamente sus conductas y tratar de explicarnos cada una de sus intenciones.
El fútbol 3 es un escenario que favorece la expresión individual, cómo les decíamos. Cuando los niños tan pequeños participan en una modalidad con gran densidad de jugadores, no hay análisis, no hay intenciones fundamentadas en una percepción de la situación. Cuando densificamos el espacio de niños, el juego se reduce a correr y patear hacia delante. Además de reducir drásticamente el número de contactos que cada niño realizará con la pelota, mermamos la calidad de esas intervenciones.

El fútbol 3 es pues, el escenario ideal para las primeras actuaciones de quienes están empezando a disfrutar de este juego. Sobretodo si los dejamos jugar libremente. Quienes deseen disponer de más información, les recomiendo acceder al ebook gratuito que ofrecemos en la sección de publicaciones, UNA PROPUESTA PARA COMPETIR, JUGANDO, donde explicamos algunas de las virtudes del F3 respecto a otras modalidades.
Ojalá más escuelas en todo el mundo y más familias se unan a esta forma de entender el proceso de aprendizaje del fútbol. Cualquier duda, ya saben que pueden contar conmigo.
JUAN A. GALLARDO BUENO





